H de Halcón de Helen Macdonald.

El año 2016 no ha sido un año especialmente brillante. De hecho, calificarlo así es ser muy generosa. A nivel de lecturas, series de televisión, películas y videojuegos no ha sido un año especialmente interesante: De videojuegos ando muy desconectada (y sin equipo adecuado,  y tampoco lo echo de menos). De lecturas ocurre lo mismo que ocurrió en 2015: : mucho ruido para pocas nueces,(y el mercado saturado de libros mediocres que supuestamente se venden como novela negra).

De todo lo que he leído en el 2016 ( que tampoco ha sido mucho)  no tengo ninguna duda en quedarme con “Muestra mi cabeza al pueblo”. Un libro estupendo que merece una entrada propia y tratarlo en profundiad.

De lecturas del año 2015 (que fueran una novedad editorial) me quedo con “H de Halcón” y con la nueva edición de “Mansura“. Ambos son libros magníficos que podría volver a leer sin ningún esfuerzo y manteniendo la sorpresa y satisfacción de la primera vez.

De H de Halcón hace tiempo que quiero escribir unas lineas: Es un libro que lo amas o te parece infumable. No tiene termino medio y por eso me gusta todavía más:  porqueé esconde una sensibilidad y una humanidad que no todo el mundo es capaz  encontrar. Algo así como un palacio interior al que no todo el mundo tiene acceso.

Para algunos se limita a ser un libro aburrido de pajarracos y cazar conejos: y no.  No es un libro de pajarracos, ni de cetrería aunque hable de ello.  Es un libro que explica la debilidad humana, la locura  en la que se navega cuando lo único que puede sentirse es dolor. Es un libro en el que en muuuuchas partes he llegado a sentirme identificada con la locura que explica la protagonista. Más que locura, desidia, anhedonia, ganas de que esconderse en un lugar oscuro para no salir.

Cuando Helen explica como remataba a un pobre conejo entre las garras de Mabel o como acabó con un pequeño conejo lleno de tumores está explicando el ser salvaje que el dolor había de hecho de ella.

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Lo bueno de H de Halcón es que consigue expresar sentimientos y definir estados de locura por los que se transita cuando se está inmersa en una época de dolor. Ayuda a empatizar con el sufrimiento propio, (que  siempre es más dificil que empatizar con el dolor del otro), a entenderse, a aprender a encontrar la paz…y la esperanda y  entenderlo como un proceso humano y por tanto, finito y con un fin y un remedio (o por lo menos como un estado temporal), y no únicamente como el perder las riendas de tu vida para siempre. Y aquí es realmente lo que lo hace que sea un libro interesante  y especial: no se limita a ser un libro de autoayuda.  El rito de iniciación a la felicidad, el transito de romper y superar el dolor,  lo hace  lo hace a través del mundo de la cetrería, de la caza con rapaces y de profundizar en la relación de Helen con Mabel. La historia de cetrería (a los que muchos les parece un peñazo) es el núcleo del asunto: Entrenar al azor, afeitarlo, es una metáfora de la lucha por domesticar nuestro propio dolor. Ahí  entra el paralelismo con la desperacion y hasta la brutalidad con la que T.H White intentaba domesticar a su azor, llamado Gos en su libro “The Goshawk“, cuando lo realmente deseaba era lucha contra si mismo, contra aquello que le quemaba y el impedía encontrar la paz: Cotejó a una enfermera hasta que la muchacha mostró interés y entonces desapareció. La historia de White, como la del duelo de Helen Macdonald, son mucho mas que la historia de dos azores y un rollo de cetrería (que es lo que algunos únicamente han llegado a ver). Es la historia de la lucha por recuperar  la esperanza,  que como dijo  Emily Dickinson es “esa cosa con plumas”, mientras se debaten en el miedo al dolor.

*Os recomiendo la lectura del reportaje de Jacinto Antón para El País  en el que reseña H de Halcón en la edición inglesa.

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TUFO A ALCANFOR.

No puedo negar que me gusta polemizar. Para mi, la controversia, que no el conflicto, es como la luz a la polilla. Y en el mundo literario estoy encontrado una mina inagotable de material muy incendiario. A la polémica del manifiesto, le siguió la de la ausencia de mujeres en la convocatoria a los premios Hammet  y esta culminó con unas impecables palabras de la Sra. Rosa Ribas, que recibieron contestación muy chusca por parte del Sr. Julián Ibáñez. Lo que de verdad subyace en esta nueva discusión escapa a cualquier consideración literaria para abrazar de lleno la cuestión sobre la materia prima de la que se nutre el sentido común e incluso la humanidad y como no, del compañerismo. Alguno, visto lo visto, debería acceder urgentemente a la entrada de la RAE, dedicada a tal epígrafe.

Estamos a 22 de julio de 2016 y otra vez ese mismo olor a habitación cerrada, a pretender darle un toque fresco con bolitas de alcanfor, a una habitación cerrada durante siglos con una botella de Soberano sobre la mesilla auxiliar adornada con un tapete de encaje.

El colegueo, el sentir peligrar los dominios del lobo ha llevado al argumento zafio y la etiqueta (no la del protocolo, si no la de la teoría del etiquetamiento): Tú, eres un jarrón veneciano, tú, escribes cositas light que no pueden hacer sombra a mi hardboiled duro y profundo (en clara referencia a la dotación viril, por su puesto). Tú, me pones nena, cuando andas de femme fatale, pero no cuando te disfrazas de policía, o detective o ama de casa (sí, ocupación al que jamás he presentado suficiente resistencia, lo admito, por su dureza). Y entonces me acuerdo del porque George Sand, escribía como George Sand: Por el prejuicio. Todos juzgamos y todos prejuzgamos. Etiquetamos como locos porque el ser humano en su infinita capacidad necesita tenerlo todo perfectamente clasificado en los compartimientos del prejuicio.

La pena es que la tan admirada femme fatale, es una mujer sin valores que pretende humillar y seducir a los machotes con su sensualidad y sexualidad. La Femme fatale es el punto débil del hombre. Es decir, que el hombre pierde su posición dominante dejando espacio a la mujer gracias a su atractivo físico. Que la forma de abrirse paso entre la masculinidad fuera utilizando sus encantos físicos hace 50 años, tiene un pase y es hasta loable: La población femenina pedía a gritos tener mas peso en la sociedad y en aquella sociedad, sus encantos físicos eran las únicas armas de las que podían valerse.

 En la sociedad del 2016,  me sorprende que moleste que, aunque ese no sea exactamente el problema, la mujer que le hace sombra al varón intelectualmente (aquella que vía la novela enigma o policial o hardboiled, resulta salir airosa de la historia porque es inteligente, audaz y físicamente preparada) resulte una ama de casa sin ningún atractivo y prefieran el atractivo de la mujer que solo puede usar su cuerpo para prosperar. Pues eso: mucho tufo a alcanfor, donde debería oler a aire fresco.

 

P.D; A quien le interese profundizar en la figura de la Femme Fatale, hay un libro muy interesante titulado: Diablesas y Diosas: Ángeles del mal. Barcelona: Editorial  Lertes, 1990. (De Javier  Coma).

Los muertos viajan deprisa.

Aprovechando que la Semana Negra de Gijón está en marcha, me parece que ni pintiparado hablar de “Los Muertos viajan deprisa”, de Nieves Abarca y Vicente Garrido  sin duda el mejor thriller del año.

Juzgar un libro por una portada es tan entupido como juzgar a una persona por su apariencia. Y sin embargo, lo hacemos. Prejuzgamos.  Y en este caso hasta el continente (no hablemos ya del contenido, solo con ese titulo tan evocador!) aprueba con nota.  La portada de Los Muertos viajan deprisa  con el túnel y la vía,  es un anuncio ( y una advertencia) del  viaje y de la parafernalia ferroviaria que nos aguarda.

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El tren es una imagen clásica de las novelas de enigma.  El tren como máximo exponente de la modernidad y del adelanto tecnológico, de la libertad de recorrer grandes distancias,  siempre en movimiento,  mientras sus ocupantes quedan reducidos a prisioneros de una jaula de oro a merced del loco de turno. Si no, que se lo digan a los pobres viajeros, (o no tan merecedores de compasión) del Orient Express.  El tren es también la metáfora  del acto lubrico en época de censura (¿recordáis esas escenas de un tren adentrándose en el túnel?). Y así, en este contexto y con una especialmente brutal (y fascinante) escena a bordo del  Tren Negro es como abre la cuarta entrega de las aventuras de Valentina Negro.

A partir de ahí, el hallazgo casual (dicho en términos procesales)   donde se pretende encontrar un algo  de las entregas anteriores, te explota en la cara  con el crepitar de un ligamento roto y una historia y un ritmo  sorprendente. Porque en el fondo, “Los muertos viajan deprisa” es un libro nacido del amor.

En su viaje interior hay cuentos, pasajes de una calidad literaria que son una rara avis en la vorágine actual de libros publicados con molde y plantilla (mediocres y  de cortapega ) , además de momentos memorables que son autenticas lecciones estilo como si de un ensayo literario  se tratara.

¿Es metaliteratura? ¿Hay intertextualidad?. Es algo así como un juego de espejos donde se mezcla el thriller y la narrativa impecable con la gamberrada: Esta entrega  es la menos encorsetada, la más  desvergonzada y la que más fustazos arrea . Y no solo propina ZASCAS al mundillo literario, (que no hace falta mucho para saber como anda el patio y  saber que se merecen  unos cuantos), si no también se los da a las fuerzas y cuerpos de seguridad, que, no dan pie con bola (en la novela).

Pues eso, que no hay que perdérsela.

 

 

 

 

Robert François Damiens

Quien haya leído un libro estupendo de Michael Foucault llamado “Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión”, conocerá la historia de la ejecución de Damiens, que intentó acabar con la vida del Rey Luis XV  en el año de 1757. Técnicamente fue una retractación pública, pero lo que fue realmente  es una salvajada llena de sadismo. Y todo por una (mera) tentativa contra la vida del monarca (este hecho delictivo aparece en las crónicas de la época con la calificación de “parricidio”, lo que nos da una idea de la gravedad del asunto: intentar matar al rey era como MATAR  (consumándolo) al padre). El castigo corporal, el suplicio al que fue sometido el criminal es espeluznante:  Le fueron “atenaceadas las tetillas, brazos, muslos y pantorrillas, y su mano derecha, asido en ésta el cuchillo con que cometió dicho parricidio, quemada con fuego de azufre, y sobre las partes atenaceadas se le verterá plomo derretido, aceite hirviendo, pez resina ardiente, cera y azufre fundidos juntamente, y a continuación, su cuerpo estirado y desmembrado por cuatro caballos y sus miembros y tronco consumidos en el fuego, reducidos a cenizas y sus cenizas arrojadas al viento”.

SHOW
The show must go on.

Lo que ocurrió después fue todavía peor, porque los caballos fueron incapaces de desmembrar a Damiens y el verdugo tuvo que ayudar con un cuchillo hasta que los caballos (animales nobles y majestuosos donde los haya) acabaron el trabajo.

Dicen también que  en el momento en que el tronco fue lanzado a las llamas seguía vivo e incluso que al día siguiente un perro, aunque era  expulsado del lugar una y otra vez, insistía en volver a las cenizas de la hoguera, como si el animal, (a cuyos  instintos nos ha gustado siempre dotarlos de un halo de misterio) acudiera a un llamamiento místico.

Focault también transcribe el  reglamento de  la Casa de jóvenes delincuentes de París de 1838. Su contenido, comparado con la condena a la que fue sometido Damiens, se parece más al régimen interno de una academia militar contemporánea que a un tratamiento para delincuentes de 1838. En apenas 81 años un abismo separó las  manifestaciones del ius puniendi y cesó el espectáculo macabro del castigo o como lo define Focault  se rompió con la  sombría fiesta punitiva del cuerpo supliciado.

Actualmente, en pleno 2016, hay una especie de regreso a ese derecho penal absolutista. Siempre ha existido (y existirá)  la tendencia a huir hacia él: Se acude a la peor clase de populismo al que se puede acudir, el del populismo penal, o si se quiere, al uso de la emotividad del derecho penal y de la neutralización del delincuente y con una clara finalidad única y exclusivamente retributiva.

Cuando se dan los requisitos y existen todas las garantías del sistema de juego , el Derecho Penal del ENEMIGO que propone Jakobs (o el Derecho Penal de dos Velocidades de Silva Sánchez) es recomendable y necesario, pero no hay ningún favor, ni versión positiva en salir corriendo hacía esa dirección, con la que se pretende calmar unas  ansias que son incentivadas y aprovechadas a veces con fines espurios: Los medios de comunicación, por ejemplo,  fabrican noticias (Mark Fishman en La Fabricación de la noticia) y fabrican olas de criminalidad que incrementan la sensación de inseguridad  de forma que no se corresponde con la realidad. En fin, un derecho penal excesivamente punitivo sirve para acallar a las gentes alimentadas en el miedo y en la inseguridad, pero no sirve para solucionar problemas, mientras que el abandono del derecho procesal penal, herramienta imprescindible y mucho más necesitada de reforma para los que nos movemos other side, se queda siempre desatendida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un mar de lodo en Gijón.

 Si pretendes construir un oasis añadiendo agua al polvo del desierto  únicamente tendrás un inmenso mar de lodo.

Se veía venir que el desierto del famoso manifiesto contra la violencia de género (suscrito por el mundo noir), venía preñado de un lodazal en el que ahora le ha tocado chapotear alegremente a la Semana Negra de Gijón. Y digo alegremente porque  tras la  denuncia pública de la ausencia de mujeres  en las candidaturas, la organización ha mostrado la más absoluta indiferencia.

 Supongo que como dice el dicho les va bien que hablen mal,  pero que hablen.

 Algunas (y pocas) voces valientes han dado un golpe en la mesa para denunciar la situación tan injusta (Toni Hill, Nieves Abarca, Carlos Zanón, David Llorente, Berna González-Harbour…), otros simplemente se han mantenido en la ambigüedad del silencio  y otros, han remado a favor del suave ronroneo de sus bien alimentados paquetes gástricos. Por ejemplo, Dolores Redondo manifestaba públicamente que su obra (y entiendo que a ella, si es que tiene identidad propia más allá del producto comercial que le han creado) había contado con el apoyo de la organización y que era prueba bastante de la ausencia de machismo.

Que la S.N apoye a Dolores Redondo, pero ninguneé a otras muchas escritoras, hace que no solo presente sospechas de la existencia de machismo (que lo hay y en muchas partes), sino también de una endogamia y colegueo de pasillo que tumba.

 Dolores Redondo no solo escribe novelas mediocres, (hasta aquí nada nuevo porque  hay muchas obras malas  han sido premiadas o reconocidas de una u otra forma), es que la presunta novela negra que vende y que dice haber sido apoyada por S.N es la antítesis del noir: Historias dulcificadas hasta el coma hiperglucemico y que perpetúan los estereotipos sexistas. Algo así como una novela negra para mujeres. El concepto resulta tan turbador como cuando Conrad Son empezó a producir porno para mujeres.

Y en fin, lo que ha ocurrido con esta Semana Negra de Gijón  desde Rousseau nos viene martilleando la cabeza. A saber: Que  la sociedad debe estar dividida en dos espacios  de la misma manera que  la humanidad lo está en dos sexos: El espacio publico para los hombres, el domestico para las mujeres. Que no exista ni una sola escritora en la lista de premiables demuestra la defenestración y destierro  de la escritora al ámbito privado y su no visibilidad en lo público (e intelectual) además de su no colegueo.

Ante la polémica, varias posiciones que tampoco comparto. No creo que sirvan las formulas de cuotas, ni crear categorías específicas para literatura-de-mujeres porque únicamente se amplía  la distancia que existe  entre los labios de la herida. Las categorías existen para que el combate tenga lugar en  igualdad de armas, entre iguales, luego… ¿que mensaje transmitimos al convocar un premio en el que únicamente compiten las obras creadas  por mujeres?.

Tampoco puedo compartir algunas voces que han tachado la indignación del asunto en pataleta de autoras desairadas  por no  ser premiadas   y hasta  les han afeado la conducta de no mostrar un feminismo más combativo desde siempre. Pero es que  España, por fortuna, es un país en el que existe igualdad formal. No cabe una continua actitud beligerante y agresiva a lo FEMINAZI,  a menos que esa  presunción de igualdad, como creo que ocurre en este caso, se vea quebrada por una prueba en contra.

 Kate Millet (La Política Sexual)  dice que al patriarcado no se le relaciona con la violencia porque la forma en que inculca sus valores está tan asentada (y es tan perfecto) que nos tragamos sus valores con hondas. Si bien cuenta con el apoyo de la FUERZA y de la VIOLENCIA con consecuencias no solo físicas y de salud (como en aquellos casos de uso de la violencia sexual como estrategia) sino socioeconómicas (como creo que es el caso)  en las que las victimas se enfrentan a la marginación social, al aislamiento en el ámbito privado, a su no repercusión publica y una suerte de muerte civil,  lo que las obliga a aceptarlo en silencio. En definitiva: o pasáis por el aro o no os promocionareis ni en vuestra casa.

La palma, sin duda, se la lleva quien relaciona la calidad y profundidad de las historias negras escritas por aquellos  VARONES veteranos de conflictos sangrientos que vivían atormentados por sus experiencias. Yo, puedo explicar un buen puñado de experiencias duras, sorprendentes, peculiares,  pero ello no me convierte en una BUENA escritora.

 Este es otro error y además de bulto: la profundidad, el interés intelectual, el encanto literario,  no nace del dolor, ni del trauma, ni mucho menos de un pene.

 

 

Sobre el manifiesto de los festivales de novela negra contra la violencia de genero.

 

He tenido noticia que recientemente, el grueso de festivales de novela negra han  hecho público un manifiesto en contra de la Violencia de Genero. Me quedo sorprendida por el  tono  degradante y paternalista del documento.

Soy una mujer,(oh, sorpresa) aunque a veces me siento un poco hombre si tengo que compararme con el “cliché”, (como gusta decir a una buena amiga) de lo que se espera que deba ser una.

 Crecí feliz fantaseando con rifles y revólveres, con aviones y halcones, porque tuve la enorme fortuna que mis padres me educasen como ser humano (más que como niña). Precisamente a mi padre (hombre tradicionalmente severo pero sorprendentemente evolucionado para estos menesteres de la igualdad), le debo el haber crecido convencida que el hecho de no tener pene no me hacia peor, ni mejor. De él aprendí que lo único que debía reprocharme, era el no esforzarme lo suficiente para conseguir mis metas. Mi madre, por el contrario, vivió mi crianza con algo más de zozobra, precisamente porque muchas veces el enemigo está entre nosotras: era yo algo tomboy, y andaba como digo, con la cabeza perdida entre uniformes desde que alcanzo a recordar.

Vivo en un mundo de hombres, si. Hasta aquí ninguna novedad porque la estructura del patriarcado nos envuelve y nos rodea y lo impregna todo en todas partes con sus babas. Y se vive apaciblemente hasta que, se decide transgredir sus leyes y romper la burbuja para salir del huevo.

En algunas ocasiones he sido  menospreciada por ser mujer, no voy a negarlo,  otras  ( son mayoría, estoy convencida y quiero así pensarlo)  lo he sido por el resto de mis características personales:  las miradas de desconfianza las quiero asociar a eso,  a que no gustaba mi estilo, a mi juventud,  más que a la desconfianza por ser mujer, pero visto lo visto, me tiemblan las rodillas por lo interiorizado que parte de la intelectualidad tiene  las características que en su día se inventaron para cada rol.  Ante un hombre, sin embargo,  y por muy patán que sea, lo primero que hacemos es atribuirle cualidades intelectuales que nos hurtan a nosotras sin presunción de inteligencia. Y es que a nosotras, en definitiva y visto el documento de marras,  nos valoran por lo buenas que estamos y lo vulnerables que somos: si tenemos caderas generosas para parir buenos hijos, y pechos turgentes y firmes para alimentar a nuestras crías. Cualquier día, la dentadura sana y en buen estado, sumará puntos para encontrar marido.

Pues bien, este manifiesto, no es más que una nueva muestra de esa misma actitud que lo empapa todo y no veo nada positivo en ello (más bien todo lo  contrario): Ellos, los escritores y promotores de novela negra, que además se  sienten orgullosos de ser solo varones y así lo plasman, ponen por escrito que nosotras, debemos ser objeto de SU protección (¿de la de los hombres? Lo que parece que ignoran es que,  mientras sigan creyendo que las mujeres tenemos que ser protegidas, mientras el mayor insulto a un niño (y a un hombre) sea el llamarlo niña, y mientras las mujeres no se adhieran a manifiestos, ni acudan a tropel y con normalidad a semanas negras,  estaremos reproduciendo y perpetuando esa estructura de forma invisible y también imparable. Déjense de manifiestos y actúen de verdad. El movimiento se demuestra andando.

Resulta decepcionante que vuelva el cuento que los caballeros son aventureros, intelectuales, científicos y escritores, mientras nosotras aspiramos a sus cuidados y atenciones mientras somos criadoras de la prole y cuidadoras del hogar, seres a sus ojos vulnerables y tributarias de su ayuda.  Ellos, que bienintencionados quieren posicionarse ante la desigualdad, solo hacen que acrecentarla con acciones y manifestaciones de este tipo. ¿Se han planteado que la mejor forma de fomentar la igualdad es normalizando la presencia de mujeres en sus actos y dejarse tanta palabrería?

Hasta donde he alcanzando a aprender (disculpas por si mi limitación intelectual asociada a mi sexo me impide profundizar en el asunto), la diferencia biológica entre hombres y mujeres únicamente es relevante y existe durante la gestación, parto y lactancia de una cría humana.  A excepción de esas etapas, toda diferenciación es  creación social, estructura patriarcal o como quiera llamarse.  Por eso me hace mucha gracia que existan conceptos como el de “liderazgo o mando femenino” de la misma manera que se etiqueta “la literatura o el cine para mujeres”. No los entiendo, ni mucho menos los comparto: la diferencia no está en el sexo, está en la personalidad de cada líder y de cada mando, de cada escritor y cada director. Y como eso, hágase extensible  a todo lo demás.

Me alegra ver que existe sensibilización de un problema grave como es el de la violencia de genero, pero… ¿acaso puede sospecharse que alguien está a favor de una anormalidad  como es el de considerar bestezuelas inferiores a la mitad de la población, hasta el punto de tener que hacer un manifiesto al respecto?.

 Personalmente los veo preocupantemente perdidos y a la deriva: En un fragmento del texto manifiestan que todo es culpa de  “la desidia de quienes deberían protegerlas”.  ¿Es posible redactar una frase más desafortunada y humillante?. Exuda patriarcado rancio y casposo, pero seguramente (o eso quiero pensar) bien intencionado (no olviden que el infierno está lleno de buenas intenciones). Que me/nos vean como  cachorrillos merecedores de los más tiernos cuidados y la más elevada protección me da escalofríos. ¿Esa no es precisamente  una mirada llena de desigualdad y discriminación? Disculpen, pero las mujeres no necesitamos que nos protejan, lo que necesitamos es que nos respeten y nos vean como iguales, con nuestras características y rasgos individualizantes, que nos vean como compañeras y amigas con las que tomar una cerveza y hablar de fútbol o cocina, o lo que quiera que sea que se hable entre amigos y colegas,  y también y sobre todo, que con nosotras se cuente para hablar de NOVELA NEGRA.  

Mansura (De Félix de Azúa y prólogo de Jacinto Antón).

 

 

Siempre he dicho que me casaría con Javier Marías y que  tendría de amante a Jacinto Antón. Un señor que se disfraza de oficial de la Wehrmacht para Carnaval y acude a las firmas de sus libros con una pequeña serpiente en un miniterrario  merece, sin duda, todo mi ánimo lubrico.

Por eso mismo, cuando vi que la editorial Reino de Redonda había (re) editado Mansura de Félix de Azúa,(la primera edición es de 1984) prologado por el segundo (Jacinto), no pude resistirme a la tentación de llevarme a casa el bonito ejemplar de tapas flechadas (imitando el diseño original de “The evil than men do” de M.P Shiel) y papel  caro, de ese que llaman couché y que  en este caso si está cerca del corazón.

Marías dice que su editorial no tiene ganancias (y me lo creo) pero que mientras no se aburra, seguirá editando con calidad: por dentro y por fuera. Y en pleno revuelo por las cotizaciones y las prestaciones por jubilación, resulta un alivio que no todo sea preocupación por el peculio y las moneditas por los hombres de letras.

Mansura es un librito breve pero no escaso. Y es, también, una gamberrada gozosa, en la que, como advierte Jacinto (Antón), los desiertos del África, se te meten en el alma.

  Mansura es adictivo y un juego de manos (pero sin trampa). Borges (me voy a poner estupenda) jugó  a inventarse a un Pierre Menard que se inventaba EL Quijote ( por cierto, ineludible y necesaria lectura es “Una vida de Pierre Menard” de  Michel Lafon, en edición numerada de la Editorial Días Contados): Si Pierre Menard buscaba reproducir palabra por palabra El Quijote (ojo! crearlo palabra por palabra pero no copiarlo mecánicamente,) Félix de Azúa lo que busca es (re) crear, La Vida de San Luis (1309), (Livre des Saintes Paroles et des Bons Faits de Notre Saint Roi Louis,) escrita por Jean de Joinville, ambientada durante la Séptima Cruzada y el Rey Luis IX.

En el caso de Mansura hay evidentes deslealtades y bufas a la obra de Joinville (cambiar a los personajes franceses por catalanes, o que el autor de esa crónica, a diferencia original francés, no tenga nombre) y en el que por la extensión desborda el concepto de  intertextualidad. ¿Puede definirse como un palimpsesto? ¿Qué diablos es Mansura?

  Muchas interpretaciones tiene la novelita: Puede atacarse su lectura desde la perspectiva contemporánea, ignorando el original medieval, o bien puede atacarse manteniendo la referencia de Joinville. En todo caso, sea cual sea la modalidad de lectura elegida,  Mansura rezuma ironía y un  mucho de mala leche que se nota, pero cuyas claves  no son del todo evidentes para descifrarla: hay en ella un algo de retranca gallega aunque todo se haya catalanizado. ¿Es una crítica? 

 Con sus anacronismos y deslealtades (al texto original y a la época), en pleno S.XX Azúa consigue transmitir el espíritu caballeresco medieval (que hermosa descripción la del caballo con cuello de serpiente para referirse a la jirafa). 

 Resulta aquí aplicable lo que dice Borges sobre Menard:  “Para Menard ser en el siglo XX un novelista del siglo XVII constituía una disminución. Le parecía mejor seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote a través de sus experiencias” y Azúa llega a ser Joinville en pleno 1984.

Un puerto no lo suficientemente escondido.

Lamento decir que la Novela Negra (lo escribo con mayúsculas) sigue estando de moda. Claro que está de moda siempre que por  negra (por eso mi lamento de Ariadna)  se entienda cualquier cosa (como se entiende) en la que aparezca un policía y un muerto.

 Algunas veces esta receta se ve ligeramente alterada y hay más de un muerto: las victimas cuya misteriosa muerte se intenta  esclarecer y …el propio libro. Pero seamos honestos, eso ocurre con todos los géneros y en todas partes.

Con tanta moda la verdad es que empiezo a echar de menos aquellos días en que leer policiales (pongamos esa etiqueta para no caer en el remilgo) era  considerado literatura menor , un acto bárbaro  con un alcance reducido  y por ende, con un target  mucho más limitado.  Lo extraño, no porque sea mi genero fetiche, que evidentemente he leído y lo he disfrutado como la que más, sino porque  cuando te dedicas a vender a carne y solo aparecen libros de vacas  puede resultar muy complicado mantener un ocio (y una salud mental) saludable. Hoy en día lo negro (entendido de la forma antes indicada) se ha extendido  igual que se extiende el lubricante sobre el cuerpo del striper:

 Si hace unos años tuvimos que lidiar con los pastelillos en las partes pudendas de Dolores Redondo (bueno, no de las de ella, de las víctimas de su asesino en la Trilogía de Baztan), y a las canciones horteras de los trocitos de carne de Cesar Pérez  Gelida,  ahora le toca el turno a María Oruña con su primera novela “Puerto escondido” y que es una variante (pero poco varia) del estilo que se gasta  en la   mencionada “Trilogía de Baztan” ( y sobre la que he escrito unos cuantos posts en este blog), con la diferencia individualizante que en esta nueva novela, la que investiga es  la Guardia Civil  y en concreto, el mando lo ostenta una teniente del cuerpo, llamada, (oh! casualidad) Valentina Redondo.

 Compré con cierta ilusión  el libro(formato digital para más señas), pero ni con toda la buena intención del mundo el libro ha resistido el duelo con mis ganas de entretenerme: El estilo es tan parecido a los de “El guardián invisible que sonroja la mercadotecnia a la ceden las grandes editoriales con tal de hacer cash. Evidentemente las editoriales y los escritores quieren ( y están en su licito derecho) ganar dinero. ¿Pero está reñido ese ánimo en de lucro con una mínima autoexigencia por parte de ambos? Se que no es comparable, pero no puedo resistirme a recomendar Con H de Halcón, de Helen Macdonald, una estupenda (mágica, brillante, humana…) novela de Ático de los Libros con la que lamentablemente no venderán millones y apenas tendrá repercusión en la prensa , pero con la que pueden levantar la cabeza de orgullo. Y ojo, que con El Codigo Davinci me lo pasé teta.

Pero volviendo a “El Puerto escondido”, en las primeras paginas ya aparece un “Tenemos que hablar”, que es algo así como el equivalente literario de los calcetines para el erotismo, conversaciones de El Silencio de los Corderos (que nadie mancille esa película o tendrá que vérselas conmigo porque en la Trilogia de Baztan se bebía compulsivamente de ella), profesionales que  se forman en la  Granja de Cuerpos, antropologas que buscan ser una mezcla de la de la serie Bones… además de incorporar intercalado un “Diario” dentro de la historia con un estilo tan poco conseguido que acaba siendo todo una gran cataplasma con un tono general  demasiado cursi y empalagoso y con una trama previsible (gemelos, psicópatas, bebés, mujeres policías de anucio…) y prescindible (esto ultimo es lo malo).

Es cierto que a una primípara no debería exigirse un parto limpio y rápido y sin estar aterrorizada (¿quien de nosotros nace sabiendo y no necesita pulirse?) pero esa benevolencia bienintencionada  dista mucho de tener que comulgar con el molde de prefabricado en el que ha caído “El Puerto Escondido” (otro más en las estanterías de nuestras librerías).

Porque además, una cosa son las referencias literarias y los guiños  y otra el corta pega estilo patchwork con retales de aquí y de allá y quedarse en nada.

Por cierto, sabéis que  hay otra Valentina, apellidada  Negro, que es igualmente gallega como la teniente del libro, que ostenta el cargo de  Inspectora del Cuerpo Nacional de Policía y es la protagonista de la saga de Nieves Abarca y Vicente Garrido iniciada en 2011?

Pues eso, que  “El puerto(…)” se trata de un puerto demasiado poco escondido.

Blindspot: Una Nikita adicta a la tinta.

El otro día descubrí la serie Blindspot. Como soy una burguesa con tele por cable descubrir series nuevas resulta una tarea notablemente más confortable que cuando lo hacía con los precarios métodos que ofrecía la camaradería y  generosidad internauta.

Cada vez resulta más evidente que la creatividad, lo novedoso, y las ideas que orgullosamente se elevan sobre la mediocridad han muerto:  Blindspot es un refrito de Nikita y Michael Scofield  al que hay que sumarle todos los clichés y prejuicios de todas las series y películas de acción que os podáis imaginar.  Un súper héroe (heroína en este caso) huérfano de memoria, pero  con unas habilidades y capacidades profesionales (intelectuales y físicas) propia de la elite. Pero en fin, mientras que la serie de Michael Scofield nunca consiguió engancharme, al personaje de Nikita le tengo un cariño especial: no al original de Luc Besson, que psss, pero si a aquella serie canadiense llamada La Femme Nikita, en la que una altísima,(¿todas tienen que ser tan altas?)  súper agente con un letal(sentido de la moda), interpretada por Peta Wilson,  se enfrentaba semana a semana a una conspiración mundial como asesina a sueldo (y obligada a la fuerza) por medio de una secretísima agencia y donde también (oh, los agentes más letales también tienen su corazón) conoce al amor  de la mano de  Michael,  su mentor, entrenador en la agencia y amante, provisto de una cara ligeramente de hombre de las cavernas  ancestral. Y personalmente me resultaba monisimo en aquella época.

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No amigos,  no es la protagonista de La Femme Nikita.

Y eso es lo que  (visto el capitulo piloto) viene a ser Blindspot.  Una vuelta de tuerca al personaje de Nikita y al mito del súper soldado (Bourne, James Bond…Alias):

Una bolsa (de un tamaño que es el terror de cualquier viajero de Rayan Air),  aparece en pleno Nueva York.  Dentro,  una zagala desnuda con el cuerpo  completamente tatuado (y en la espalda el nombre de un agente del FBI que es, como no, el encargado del caso y del que intuyo un oscuro pasado lleno de dolor que apacigua bebiendo whisky.)

La moza, llamada Jane Doe, (Jaimie Alexander) está totalmente desmemoriada pero  habla fluidamente chino (además en variedades dialectales),  pega  mamporros a diestro y siniestro con mucha elegancia cuando le tocan la moral y sabe usar armas de fuego (por lo menos una Sig Sauer P226r que es la que le toca en el capitulo piloto) con puntería quirúrgica.

A partir de aquí, la serie nada en  lugares comunes en esta clase de series: Procedimentales de acción pero con una mitología propia  de fondo, y jugueteando entre la tensión sexual no resuelta de los protagonistas y  la duda entre si ella es de fiar y su implicación en la serie de hechos delictivos que se van concatenando y cuyas únicas pistas se encuentran en los tatuajes de la chica, a la vez que se explota su debilidad en contraste con la fuerza bruta de su entrenamiento (las chicas duras también necesitamos….cariño.)

Blindspot - Season Pilot
Disculpe, ¿el mostrador para facturar?

La serie no está mal, aunque  no es resultona, ni sorprendente, pero es entretenida.

Por lo menos yo le voy a dar la oportunidad de descubrir quien es Jane Doe.

 

 

 

 

Dolores Redondo y la Sociedad Swedenborgiana: Ofrenda a la tormenta.

He vuelto a hacerlo. Al final voy a empezar a sospechar que sufro de alguna afectación psiquiátrica.

La ultima entrega de  la Trilogía de Baztán, viene más cargada que nunca de bebes, estereotipos, mezclas de ideas encontradas aquí y allá y una tupida capa de lanugo de recién nacido y toneladas de calostro. Me parecía imposible superar las dos entregas anteriores, pero si algo puede (y así se debe reconocer  a la autora), es su capacidad para superarse a si misma. Y es que, los altos niveles de glucosa que impregnan las paginas de Ofrenda a la Tormenta, actúan como un viejo veneno emponzoñando cualquier oasis que el lector alcance a vislumbrar en la desesperación de calmar su sed de literatura. En fin, que  la cosa solo mejora (sin perder la constante de la mediocridad en la que se ha empeñando en chapotear la Trilogía) cuando el portentoso marido y el angelical recién nacido, abandonan el panorama. Es en ese nuevo escenario y con el golpe emocional que sufre la Inspectora con la perdida de un personaje,  cuando algo de la artificiosa placidez que nos es impuesta  en la historia  desparece y no le queda más remedio que centrar sus esfuerzos  en la trama criminal. Trama que,  por cierto, continua resultando inocentemente pueril y sin esa chispa de maldad perturbadora con la que podría haber aderezado ese misticismo fantasioso ancestral del que tanto presume. Habría bastado con que ojeara, por poner un par de ejemplos,  algunos  anecdóticos episodios de la biografía de William Blake  y  su capacidad para la imaginación  (entendida como  equiparable al inconsciente colectivo de Jung),  o de la de  Emmanuel Swedenborg, ingeniero de minas que hablaba con espíritus y hasta tomó un café con Cristo.

Con todo, sorprende el cambio de paso una vez el marido-artista se esfuma.  Como en una especie de trastorno ciclotímico (que en un libro escrito a dos manos no tiene mucho sentido),  aparecen de pronto, esas notas de oscuridad que son tan de agradecer y hasta muestra una voluntad inaudita  de disfrazar la historia de credibilidad (como,   aunque erróneamente, cita la Prueba  de Walker). Pero la historia sigue sin sostenerse. Y no solo por no usar las técnicas de investigación adecuadas,(recordemos que es una novela, no el manual del buen policía), sino porque en todas las paginas, y como ocurría en las otras ocasiones,   quien lee no consigue desprenderse de la sensación que los crímenes son solo una excusa, un parche para tratar la intimidad de sus personajes y hablar de mitos y leyendas.

Pero no nos confundamos: en ese camino más intimista, y si se quiere psicológico, tampoco resulta agradable y mucho menos una lectura sofisticada.  Dolores Redondo, pese a acumular un numero notable de portadas en la prensa,  se acerca cada vez más,   con una decisión y contundencia indiscutible, a la opereta y la caricatura de si misma.