He terminado “El legado de los huesos”

Finiquitada la segunda entrega de la autodenominada “Trilogía de Baztán” de Dolores Redondo (ya advierto que semejante denominación como queriéndose comparar a la “Trilogía de Nueva York” de Pau Auster, me predispone a la sospecha de encontrarme ante un ego más inflando que capacidad literaria ostenta), dejo aquí mi informe sobre el asunto:

Que conste en acta que admiro el esfuerzo de cualquiera lo suficientemente valiente como para enfrentarse al terror de la pagina en blanco (terror que ahora mismo vivo en mis carnes ante esta entrada de bloc que no se como empezar) pero este reconocimiento al esfuerzo  no debería servir de coladero o salvoconducto a todo tipo creación: por mucho esfuerzo y determinación que uno ponga en algo…no es sinónimo de excelencia o calidad.

En el caso de El Legado de los huesos  la continua referencia a la vida familiar y a la nueva faceta materna de la protagonista, las escenas y situaciones edulcoradas hasta la hiperglucemia, la total y absoluta ausencia de situaciones escabrosas e incluso duras, los diálogos sin fuerza,(Oh, James  amor mío),  los personajes planos,  la nula psicología en sus actuaciones y sus  reacciones pueriles que hasta Jude Deveraux solventa con más dignidad en su literatura romántica,  la inclusión de pasajes y más pasajes prescindibles y que no aportan nada a la trama  (que sobran y ahogan cualquier atisbo de esperanza en recuperar su dignidad) convierten a El Legado de los Huesos (con mas intensidad incluso que en El Guardián Invisible)  en algo así como una caricatura bochornosa de lo que debería ser una verdadera novela (negra).

Y es que Dolores Redondo, más allá de los juegos de manos, el marketing y la publicidad no nos debe llevar a engaño:  es una autora más próxima a la María Dueñas de El tiempo entre costuras”,(que tiene su publico y es muy digno) que a cualquiera de de los autores integrantes de esa cuadrilla oscura y criminal  que escriben con pasión sobre el crimen y los criminales y que han sido criados  amantados (bonita metáfora para precisamente hablar de una novela que el 90% de su vocabulario se reduce a “lactancia” y “toma”) por la lectura  no solo de las novelas del genero, sino por también por cuantas revistas y fanzines en la mejor tradición de Black Mask”  caen en sus manos y que resultan más canallas y criminales que los propios criminales que inventan.

Creo que la propia Dolores Redondo ha dicho por ahí (en alguna entrevista e incluso tuit así lo afirma) que no tiene demasiadas referencias de autores del genero y eso es, cuanto menos, muy sospechoso. ¿Como se puede correr si antes no se aprende a caminar? ¿Como escribir si antes no se ha leído?. Y es aquí donde tenemos un claro ejemplo  de lo necesario que es la lectura para no caer en el pobre estilo de la autora que aquí nos ocupa.

La novela negra (o criminal o sea el adjetivo que se le quiera dar) debería resulta una obra que, sin ser un manual de ciencia policial (y de criminología y/o criminalistica y Derecho), resulte una obra realista y creíble. Una obra, en definitiva, VEROSÍMIL. Verosmilitud que debe ser aplicable tanto a la psicología de los personajes, como a los procedimientos utilizados, a los “comos” y a los “por ques” a los que pretende dar respuesta la historia y a la jerga. Y que todo lo anterior vista al conjunto de la obra de ficción de esa deseada apariencia de credibilidad y realismo que caracteriza este tipo de obras.

Todo lo contrario ocurre en El legado de los huesos: para empezar por la falta de profundidad en el desarrollo de la personalidad de los propios personajes que pueblan la historia: alguien puede creerse a una Inspectora de un cuerpo policial (que si no me falla la memoria) ha ascendido al empleo por promoción interna y que ha tenido que ver y oler de todo en la vida (ese olor a sangre que nunca se olvida) tenga unas preocupaciones tan infantiles en su día a día? A que miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en su sano juicio se le ocurre la peregrina idea de plantarse en una cita nocturna, en un restaurante de lujo con un juez que le tira los tejos, vestido de Romano (de uniforme, vaya) con la única intención de crearle malestar y que así la deje tranquila? Y es que no contenta con el planteamiento infantil e irrespetuoso con el cuerpo que representa, añade que “«Si una policía vestida de rojo no logra intimidarte, nada lo hará»,.Mención especifica en este sentido merece la pelea en plan “Manolito” con su subordinado al más puro estilo “Arma Letal”, como si una mujer policía e Inspectora, necesitase de esos recursos para reforzar su autoridad.

Esta falta de interes a la hora de elaborar  el perfil y las motivaciones de los personajes puede tener un “pase” al tratarse de personajes secundarios,  pero que la propia protagonista adolezca las consecuencias de la ausencia del mas mínimo  trabajo por parte de su “madre” en este aspecto y se presente como un ser plano,   por no hablar del escaso trabajo en las motivaciones del malo de turno… no solo ya es un ejemplo de la desidia en su creación, sino que resulta una muestra evidente de la impericia como escritora.  Ello trae la irremediable consecuencia que nadie pueda sentir aquello que se pretende que sintamos: ¿Alguien realmente ha sentido el terror que dice sentir la protagonista por su madre y la angustia  por ser una elegida y la enorme responsabilidad que presuntamente recae sobre sus hombros? ¿Tensión por el devenir de los acontecimientos?. Cero. Nada de nada.

Buen ejemplo de lo que no consigue Dolores Redondo, lo encontramos en “Intemperie”, donde el excelente trabajo narrativo de Jesús Carrasco, consigue transmitir el terror que ese pobre niño siente por su perseguidor: un alguacil del que huye como si fuera el Diablo. En el caso de Amaia ese temor, ( esa presunta relación traumática con su madre que a mi no me ha llegado) queda diluida entre ingentes cantidades de calostro y arrumacos a su retoño que, en definitiva, parece ser todo el “leiv motiv” de la obra. Para ello busca la excusa de la profesión policial de la entregada madre y amante esposa, cuando pudiera haber sido ingeniera de caminos o abogada. Pero este defecto también lo sufre la novela anterior (El Guardian(…)

Y que tal  esa mezcla, que no funciona ni de lejos por su pobre ejecución,  de inspectora superpolicía y ser místico elegido por los astros?. Con esa trama secundaria inacabada y sin ningún tipo de misterio o magnetismo y que viene configurada por “El peine dorado” y las ofrendas a la Dama.¿Que narices de misterio se supone que tiene que  sorprendernos?  La idea, como tal,  no es mala ya que encontramos grandes ejemplos de grandes mujeres de espíritu torturado por ese irrenunciable deber de justicia unido a un don especial que les trae más quebraderos de cabeza que felicidad: como Olivia Dunham, en Fringe  e incluso Allison DuBois en Médium.  Pero si Olivia Dunham es por un lado uno de los personajes de la ciencia ficción más grandes que ha parido el genero, hasta Allison DuBois, personaje más mediocre, resulta un personaje mucho más digno y trabajado (y menos  sonrojante) que la Inspectora Salazar, entre cuyas hazañas se cuentan la de tener el  el valor de decirle a toda una Señoría que la llame “Jefa” y no Amaia, y palparse continuamente la GLOCK en su cadera cuando tiene miedo. Imperdible( por mala) la escena en la sala de espejos (técnicamente se llama cámara de Gesell, pero Redondo no lo menciona ni una sola vez, ni tan solo en boca del todopoderoso y cultismo Padre Sarasola) en la que tiene ocasión de ver a su madre.

En el mismo sentido que ocurría con su entrega anterior,( véase en mi entrada anterior como la autora se inspira en PD JAMES para escenas de “El guardia invisible”) “El legado(…)” bebe y mucho (aunque lo niegue por activa y por pasiva) de variadas y múltiples referencias. El más claro ejemplo el chapucero intento por  emular a Thomas Harris y su Silencio de los corderos: psiquiátrico de alta seguridad donde está ingresada la madre que hace las veces de un Dr. Lecter femenino y anciano, el director del psiquiátrico que es un Dr. Chilton mal copiado, la relación con el agente Dupree del FBI que no pasa de ser una tentativa pueril (pueril es toda la novela en general) de crear una relación morbosa y dañina como la que se establece entre Hanibal y Clarice…y como no, la guinda al pastel: la ausencia de ritmo en toda la novela.

La ausencia de fluidez y continuidad narrativa afecta desde el primer momento a la obra y la hace una especie de tentativa de narrar la historia como si de una novela gráfica o storyboard se tratara. Nuevamente un fracaso de su entregado pero pobre estilo narrativo.  El efecto del ritmo a lo “ VIDEOCLIP MTV” brilla por ausencia, dejando como resultado un producto final algo inconexo y lento (muy lento)   que como hilo conductor únicamente cuenta con la eterna mención de la toma del pecho del pequeño Ibai, y que si el no ser puntual la transforma en una mala madre. (Insisto que en aras de un personaje lo más realista posible, una Inspectora tendría, por su experiencia vital, muchos otros temores para con su hijo que esas tonterías que se solventan con un biberón y una canguro).

Si a todo lo anterior, le añadimos el final (pobre y sin acción, propio de “Embrujadas”, con dibujos de tiza y ceniza en pleno bosque), el exceso de pasajes que no aportan nada a la trama y que llegan a ahogarla, nos da como resultado una tentativa punible (en la dignidad de todos los lectores) y muy  pobre. Si la idea general de la novela es interesante, (sigo pensando que la idea del esqueleto que sostiene ambas obras y que subyace es la misma que se encuentra en  Crímenes Exquisitos y Martiriyum (pero adaptada a las necesidades de esta autora),  la ejecución deviene un pobre ejercicio literario que consigue hacer cojear toda la historia y que da como resultado una novela que ni es novela negra, ni resulta una novela interesante sea cual sea su etiqueta, con una absoluta falta de gracia en su ejecución y que en definitiva, entre las fuentes de las que bebe Redondo y su obra, existe la misma distancia que, por citar un ejemplo, existe entre Semilla de maldad, protagonizada por Glenn Ford y la versión edulcorada y tontorrona de los 90 protagonizada por Michelle Pfeiffer y que recibió por titulo “Mentes peligrosas” . Y es que resulta cada vez más evidente que  Dolores Redondo no es más que un ciego con una pistola.

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9 thoughts on “He terminado “El legado de los huesos”

  1. Totalmente de acuerdo. Una frase del libro para el recuerdo: el juez retiró una pequeña florecilla blanca del pelo de Amaia. Novela negre. Ya. Chick lit y va que chuta. Y además, copiado. Lo de la fibra de los dientes (lo he visto en Quantico, lo he visto en Quantico, chúpate esa, malo malo malo) está sacado del Dragón Rojo y la dentadura postiza del asesino. Pero…

  2. Como novela fantástica está muy bien. Un “policial” con fantasmas, aparecidos, ondinas, seres del bosque, asesinatos…divertida. Un poco cargante lo del bebé, en eso te doy la razón. No hay que tomarla desde el punto de vista de novela negra, sino de fantátisca, pienso yo.

  3. Me leí hace poco “El guardián invisible” y como quedaron colgados ciertos temas quise leer “Legado en los hueso” a ver si se desenredaba todo. He llegado a la página 41 con desidia, después de haber leído sólo por encima desde que habla sobre Clarice (CLARICE…) es decir, desde el principio. Me agotó tanta historia de relleno.
    Al ver reseñas en internet, veo que la mayoría valoran muy bien el libro, lo devoran y me quedaba la duda de sí estoy desatinada. Me alegro de haber leído esta entrada porque me confirma que ni este, ni el tercero voy a llegar a leérmelo.
    Es un libro light…es decir, bastante soso y de venta con buen marqueting

  4. Bueno, bueno, he debido caer en la Intranet de los Illuminati : )) o algo por el estilo, porque me ha costado mucho dar con un sólo blog en el que dijeran que la Trilogía es puro marketing y nada más, un mero cortapega de esteréotipos de novela policíaca.
    Me alegro.
    A mí lo que me choca es la mediocridad rampante que hay en el mundo editorial español y quiénes pasan por el ojo de esa aguja y quiénes se quedan fuera.
    Ahora mismo estoy leyendo “Alcolea”, que en 130 páginas, le da cien vueltas a todas las tontunas de la Trilogía del Baztán. Algunas de ellas según he leído puro cortapega de ¡Wikipedia! Y por lo que decís de escenas sacadas de Harris y lo que veo en “Alcolea” me parece que no ha sido el único cortapega…
    Penoso, de verdad. Y luego ves a la autora del engendro en la entrega de los premio Planeta como si fuera la dueña de todo aquello, ella, que en la primera página de alguna de las novelas de la Trilogía cita a la Blancanieves de ¡Walt Disney!… Lo que se dice Alta Literatura. Si por lo menos fuera algo menos ramplón, tipo lo que escribió Harris o ahora escribe McKinty

    Pero qué va, en fin, sigamos soñando. O leyendo a “los otros”, los que no han fabricado en serie como quesitos en porciones en los departamentos de Marketing. Ya os digo, no he visto tanto aspaviento con “Alcolea” o con “Cold Cold Ground” y le dan las dos cien mil vueltas a la pavisosa ésta.
    ¿Novela negra? y un cuerno.
    Saludos.

    1. Buenas:
      La mediocridad editorial es proporcional al marketing que invierten en darle publicidad. Y así nos crece el pelo. Gracias por compartir tus comentarios.

      Un abrazo,

  5. Estoy totalmente de acuerdo. Cuando leí “el guardián invisible” me gustó la trama (que es por lo que leo novela negra) y llamó mi atención. Pero cuando vi que al final del primer libro no se resolvía el asunto pensé, la trilogía va del mismo caso policial, y me pareció excesivo. Por ello, cogí El Segundo libro con interés, porque parecía intrigante pero me fui dando cuenta que no me apetecía leer, y eso es porque no me gusta el libro. Me alegro de no ser la única porque los comentarios en internet suelen ser buenos y por ello me lancé a por esta trilogía. Definitivamente creo que lo dejaré colgado puesto que según comentáis el final no es gran cosa y del el tercero ni hablar supongo. Gracias 🙂

    1. Gracias Beatriz por compartir tu opinión. El asunto me resulta especialmente irritante porque los halagos van creciendo cuando tendrían que ser mucho más severos.
      He ojeado el Premio Planeta (Todo esto te daré) y es la cosa más mala que he leído en mucho tiempo. Pero ahí está: llevándoselo todo.

      Un abrazo,

    2. Por cierto, entre muchos otros “copy paste” se han inspirado en el libro “Zarabanda”, Pamplona, Pamiela, 2011. De Miguel Sánchez-Ostiz, autentico escritor de Baztan, y no como nuestra amiga.
      Otro abrazo,

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