La moda de lo “negro”.

Decir que la novela negra está de moda no es descubrir América. De hecho, la atracción por todo lo relacionado con el crimen y su castigo no es ninguna novedad en el devenir humano: Buceando en la historia, nos topamos con la literatura de cordel (en la  que ya se relataba esta clase de episodios morbosos) y que con el tiempo ha evolucionado hacia la literatura de la que ahora nos ocupamos y en el periodismo de sucesos (o sensacionalista?)

 

Es difícil señalar brevemente y con exactitud a que responde está fascinación tan típicamente humana por esa cara oscura de la vida: Resumidamente puede alegarse que por un lado, está la eterna sensación de inseguridad con la que vive el hombre y la obsesión que ello  le genera por  la seguridad.
Por otro lado,( y no de forma alternativa) se podría acudir a la atractiva estética de todo lo criminal y que viene a satisfacer la necesidad de misterio y ocultismo (y hasta de religiosidad)de los que parece carecer nuestro tiempo.

 

Ahora bien , ¿es novela negra  todo lo que nos venden como tal? Rotundamente NO. La novela negra ( y cualquier otro producto calificado como tal) encuentra su motivación en ser  el antídoto para aliviar la sed de morbo y de misterio al que antes nos referíamos ( y también para darnos sensación de seguridad).

 

Este genero, (ha sido y es) el medio por el que se  permite asomarse a las gentes de bien (a los ciudadanos normales con vidas estructuradas) a esa espalda oculta del mundo, a los bajos fondos, pero desde el confortable parapeto de la seguridad  de ser meros observadores de lo salvaje y lo descarnado.

 

El morbo y el misterio atraen porque es un riesgo controlado que  satisface nuestras necesidades.

 

La barbarie que cometen los monstruos (yonkis, borrachos, macarras, asesinos, violadores, ladrones y psicópatas…) le toca vivirla a otros, nunca a nosotros,  y nosotros (espectadores de ese ensañamiento salvaje que nos salpica la punta de los zapatos pero no nos toca) encontramos la satisfacción y el alivio en la resolución de esos misterios por parte de eficaces investigadores ( forenses, detectives, policías, curas o amables ancianas solteronas…) que siempre dan en el clavo y terminan neutralizando a  la amenaza.

Edulcorar, suavizar, atenuar  esos relatos (íntegramente inventados por mentes perversas o inspirados en hechos reales),  hacer de ellos historias blancas,  limpias y apacibles, (casi de cuento de hadas como parece haberse puesto de moda) supone desproveer al relato negro precisamente de la oscuridad que le es propia y característica y que le insufla de vida y le da forma para transformarlo en otra cosa, en otro genero.

 

En definitiva, si una novela es negra,   lo es porque resulta  un catalogo de pesadillas, un compendio de historias sórdidas, desagradables, salvajes y turbias… Como turbia es la mirada de los muertos: Mirada que te atraviesa y te mira, pero que ya no es capaz de ver.

 

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