Un puerto no lo suficientemente escondido.

Lamento decir que la Novela Negra (lo escribo con mayúsculas) sigue estando de moda. Claro que está de moda siempre que por  negra (por eso mi lamento de Ariadna)  se entienda cualquier cosa (como se entiende) en la que aparezca un policía y un muerto.

 Algunas veces esta receta se ve ligeramente alterada y hay más de un muerto: las victimas cuya misteriosa muerte se intenta  esclarecer y …el propio libro. Pero seamos honestos, eso ocurre con todos los géneros y en todas partes.

Con tanta moda la verdad es que empiezo a echar de menos aquellos días en que leer policiales (pongamos esa etiqueta para no caer en el remilgo) era  considerado literatura menor , un acto bárbaro  con un alcance reducido  y por ende, con un target  mucho más limitado.  Lo extraño, no porque sea mi genero fetiche, que evidentemente he leído y lo he disfrutado como la que más, sino porque  cuando te dedicas a vender a carne y solo aparecen libros de vacas  puede resultar muy complicado mantener un ocio (y una salud mental) saludable. Hoy en día lo negro (entendido de la forma antes indicada) se ha extendido  igual que se extiende el lubricante sobre el cuerpo del striper:

 Si hace unos años tuvimos que lidiar con los pastelillos en las partes pudendas de Dolores Redondo (bueno, no de las de ella, de las víctimas de su asesino en la Trilogía de Baztan), y a las canciones horteras de los trocitos de carne de Cesar Pérez  Gelida,  ahora le toca el turno a María Oruña con su primera novela “Puerto escondido” y que es una variante (pero poco varia) del estilo que se gasta  en la   mencionada “Trilogía de Baztan” ( y sobre la que he escrito unos cuantos posts en este blog), con la diferencia individualizante que en esta nueva novela, la que investiga es  la Guardia Civil  y en concreto, el mando lo ostenta una teniente del cuerpo, llamada, (oh! casualidad) Valentina Redondo.

 Compré con cierta ilusión  el libro(formato digital para más señas), pero ni con toda la buena intención del mundo el libro ha resistido el duelo con mis ganas de entretenerme: El estilo es tan parecido a los de “El guardián invisible que sonroja la mercadotecnia a la ceden las grandes editoriales con tal de hacer cash. Evidentemente las editoriales y los escritores quieren ( y están en su licito derecho) ganar dinero. ¿Pero está reñido ese ánimo en de lucro con una mínima autoexigencia por parte de ambos? Se que no es comparable, pero no puedo resistirme a recomendar Con H de Halcón, de Helen Macdonald, una estupenda (mágica, brillante, humana…) novela de Ático de los Libros con la que lamentablemente no venderán millones y apenas tendrá repercusión en la prensa , pero con la que pueden levantar la cabeza de orgullo. Y ojo, que con El Codigo Davinci me lo pasé teta.

Pero volviendo a “El Puerto escondido”, en las primeras paginas ya aparece un “Tenemos que hablar”, que es algo así como el equivalente literario de los calcetines para el erotismo, conversaciones de El Silencio de los Corderos (que nadie mancille esa película o tendrá que vérselas conmigo porque en la Trilogia de Baztan se bebía compulsivamente de ella), profesionales que  se forman en la  Granja de Cuerpos, antropologas que buscan ser una mezcla de la de la serie Bones… además de incorporar intercalado un “Diario” dentro de la historia con un estilo tan poco conseguido que acaba siendo todo una gran cataplasma con un tono general  demasiado cursi y empalagoso y con una trama previsible (gemelos, psicópatas, bebés, mujeres policías de anucio…) y prescindible (esto ultimo es lo malo).

Es cierto que a una primípara no debería exigirse un parto limpio y rápido y sin estar aterrorizada (¿quien de nosotros nace sabiendo y no necesita pulirse?) pero esa benevolencia bienintencionada  dista mucho de tener que comulgar con el molde de prefabricado en el que ha caído “El Puerto Escondido” (otro más en las estanterías de nuestras librerías).

Porque además, una cosa son las referencias literarias y los guiños  y otra el corta pega estilo patchwork con retales de aquí y de allá y quedarse en nada.

Por cierto, sabéis que  hay otra Valentina, apellidada  Negro, que es igualmente gallega como la teniente del libro, que ostenta el cargo de  Inspectora del Cuerpo Nacional de Policía y es la protagonista de la saga de Nieves Abarca y Vicente Garrido iniciada en 2011?

Pues eso, que  “El puerto(…)” se trata de un puerto demasiado poco escondido.

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Blindspot: Una Nikita adicta a la tinta.

El otro día descubrí la serie Blindspot. Como soy una burguesa con tele por cable descubrir series nuevas resulta una tarea notablemente más confortable que cuando lo hacía con los precarios métodos que ofrecía la camaradería y  generosidad internauta.

Cada vez resulta más evidente que la creatividad, lo novedoso, y las ideas que orgullosamente se elevan sobre la mediocridad han muerto:  Blindspot es un refrito de Nikita y Michael Scofield  al que hay que sumarle todos los clichés y prejuicios de todas las series y películas de acción que os podáis imaginar.  Un súper héroe (heroína en este caso) huérfano de memoria, pero  con unas habilidades y capacidades profesionales (intelectuales y físicas) propia de la elite. Pero en fin, mientras que la serie de Michael Scofield nunca consiguió engancharme, al personaje de Nikita le tengo un cariño especial: no al original de Luc Besson, que psss, pero si a aquella serie canadiense llamada La Femme Nikita, en la que una altísima,(¿todas tienen que ser tan altas?)  súper agente con un letal(sentido de la moda), interpretada por Peta Wilson,  se enfrentaba semana a semana a una conspiración mundial como asesina a sueldo (y obligada a la fuerza) por medio de una secretísima agencia y donde también (oh, los agentes más letales también tienen su corazón) conoce al amor  de la mano de  Michael,  su mentor, entrenador en la agencia y amante, provisto de una cara ligeramente de hombre de las cavernas  ancestral. Y personalmente me resultaba monisimo en aquella época.

Peta-Zetas-1

No amigos,  no es la protagonista de La Femme Nikita.

Y eso es lo que  (visto el capitulo piloto) viene a ser Blindspot.  Una vuelta de tuerca al personaje de Nikita y al mito del súper soldado (Bourne, James Bond…Alias):

Una bolsa (de un tamaño que es el terror de cualquier viajero de Rayan Air),  aparece en pleno Nueva York.  Dentro,  una zagala desnuda con el cuerpo  completamente tatuado (y en la espalda el nombre de un agente del FBI que es, como no, el encargado del caso y del que intuyo un oscuro pasado lleno de dolor que apacigua bebiendo whisky.)

La moza, llamada Jane Doe, (Jaimie Alexander) está totalmente desmemoriada pero  habla fluidamente chino (además en variedades dialectales),  pega  mamporros a diestro y siniestro con mucha elegancia cuando le tocan la moral y sabe usar armas de fuego (por lo menos una Sig Sauer P226r que es la que le toca en el capitulo piloto) con puntería quirúrgica.

A partir de aquí, la serie nada en  lugares comunes en esta clase de series: Procedimentales de acción pero con una mitología propia  de fondo, y jugueteando entre la tensión sexual no resuelta de los protagonistas y  la duda entre si ella es de fiar y su implicación en la serie de hechos delictivos que se van concatenando y cuyas únicas pistas se encuentran en los tatuajes de la chica, a la vez que se explota su debilidad en contraste con la fuerza bruta de su entrenamiento (las chicas duras también necesitamos….cariño.)

Blindspot - Season Pilot
Disculpe, ¿el mostrador para facturar?

La serie no está mal, aunque  no es resultona, ni sorprendente, pero es entretenida.

Por lo menos yo le voy a dar la oportunidad de descubrir quien es Jane Doe.