Mansura (De Félix de Azúa y prólogo de Jacinto Antón).

 

 

Siempre he dicho que me casaría con Javier Marías y que  tendría de amante a Jacinto Antón. Un señor que se disfraza de oficial de la Wehrmacht para Carnaval y acude a las firmas de sus libros con una pequeña serpiente en un miniterrario  merece, sin duda, todo mi ánimo lubrico.

Por eso mismo, cuando vi que la editorial Reino de Redonda había (re) editado Mansura de Félix de Azúa,(la primera edición es de 1984) prologado por el segundo (Jacinto), no pude resistirme a la tentación de llevarme a casa el bonito ejemplar de tapas flechadas (imitando el diseño original de “The evil than men do” de M.P Shiel) y papel  caro, de ese que llaman couché y que  en este caso si está cerca del corazón.

Marías dice que su editorial no tiene ganancias (y me lo creo) pero que mientras no se aburra, seguirá editando con calidad: por dentro y por fuera. Y en pleno revuelo por las cotizaciones y las prestaciones por jubilación, resulta un alivio que no todo sea preocupación por el peculio y las moneditas por los hombres de letras.

Mansura es un librito breve pero no escaso. Y es, también, una gamberrada gozosa, en la que, como advierte Jacinto (Antón), los desiertos del África, se te meten en el alma.

  Mansura es adictivo y un juego de manos (pero sin trampa). Borges (me voy a poner estupenda) jugó  a inventarse a un Pierre Menard que se inventaba EL Quijote ( por cierto, ineludible y necesaria lectura es “Una vida de Pierre Menard” de  Michel Lafon, en edición numerada de la Editorial Días Contados): Si Pierre Menard buscaba reproducir palabra por palabra El Quijote (ojo! crearlo palabra por palabra pero no copiarlo mecánicamente,) Félix de Azúa lo que busca es (re) crear, La Vida de San Luis (1309), (Livre des Saintes Paroles et des Bons Faits de Notre Saint Roi Louis,) escrita por Jean de Joinville, ambientada durante la Séptima Cruzada y el Rey Luis IX.

En el caso de Mansura hay evidentes deslealtades y bufas a la obra de Joinville (cambiar a los personajes franceses por catalanes, o que el autor de esa crónica, a diferencia original francés, no tenga nombre) y en el que por la extensión desborda el concepto de  intertextualidad. ¿Puede definirse como un palimpsesto? ¿Qué diablos es Mansura?

  Muchas interpretaciones tiene la novelita: Puede atacarse su lectura desde la perspectiva contemporánea, ignorando el original medieval, o bien puede atacarse manteniendo la referencia de Joinville. En todo caso, sea cual sea la modalidad de lectura elegida,  Mansura rezuma ironía y un  mucho de mala leche que se nota, pero cuyas claves  no son del todo evidentes para descifrarla: hay en ella un algo de retranca gallega aunque todo se haya catalanizado. ¿Es una crítica? 

 Con sus anacronismos y deslealtades (al texto original y a la época), en pleno S.XX Azúa consigue transmitir el espíritu caballeresco medieval (que hermosa descripción la del caballo con cuello de serpiente para referirse a la jirafa). 

 Resulta aquí aplicable lo que dice Borges sobre Menard:  “Para Menard ser en el siglo XX un novelista del siglo XVII constituía una disminución. Le parecía mejor seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote a través de sus experiencias” y Azúa llega a ser Joinville en pleno 1984.

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