Un mar de lodo en Gijón.

 Si pretendes construir un oasis añadiendo agua al polvo del desierto  únicamente tendrás un inmenso mar de lodo.

Se veía venir que el desierto del famoso manifiesto contra la violencia de género (suscrito por el mundo noir), venía preñado de un lodazal en el que ahora le ha tocado chapotear alegremente a la Semana Negra de Gijón. Y digo alegremente porque  tras la  denuncia pública de la ausencia de mujeres  en las candidaturas, la organización ha mostrado la más absoluta indiferencia.

 Supongo que como dice el dicho les va bien que hablen mal,  pero que hablen.

 Algunas (y pocas) voces valientes han dado un golpe en la mesa para denunciar la situación tan injusta (Toni Hill, Nieves Abarca, Carlos Zanón, David Llorente, Berna González-Harbour…), otros simplemente se han mantenido en la ambigüedad del silencio  y otros, han remado a favor del suave ronroneo de sus bien alimentados paquetes gástricos. Por ejemplo, Dolores Redondo manifestaba públicamente que su obra (y entiendo que a ella, si es que tiene identidad propia más allá del producto comercial que le han creado) había contado con el apoyo de la organización y que era prueba bastante de la ausencia de machismo.

Que la S.N apoye a Dolores Redondo, pero ninguneé a otras muchas escritoras, hace que no solo presente sospechas de la existencia de machismo (que lo hay y en muchas partes), sino también de una endogamia y colegueo de pasillo que tumba.

 Dolores Redondo no solo escribe novelas mediocres, (hasta aquí nada nuevo porque  hay muchas obras malas  han sido premiadas o reconocidas de una u otra forma), es que la presunta novela negra que vende y que dice haber sido apoyada por S.N es la antítesis del noir: Historias dulcificadas hasta el coma hiperglucemico y que perpetúan los estereotipos sexistas. Algo así como una novela negra para mujeres. El concepto resulta tan turbador como cuando Conrad Son empezó a producir porno para mujeres.

Y en fin, lo que ha ocurrido con esta Semana Negra de Gijón  desde Rousseau nos viene martilleando la cabeza. A saber: Que  la sociedad debe estar dividida en dos espacios  de la misma manera que  la humanidad lo está en dos sexos: El espacio publico para los hombres, el domestico para las mujeres. Que no exista ni una sola escritora en la lista de premiables demuestra la defenestración y destierro  de la escritora al ámbito privado y su no visibilidad en lo público (e intelectual) además de su no colegueo.

Ante la polémica, varias posiciones que tampoco comparto. No creo que sirvan las formulas de cuotas, ni crear categorías específicas para literatura-de-mujeres porque únicamente se amplía  la distancia que existe  entre los labios de la herida. Las categorías existen para que el combate tenga lugar en  igualdad de armas, entre iguales, luego… ¿que mensaje transmitimos al convocar un premio en el que únicamente compiten las obras creadas  por mujeres?.

Tampoco puedo compartir algunas voces que han tachado la indignación del asunto en pataleta de autoras desairadas  por no  ser premiadas   y hasta  les han afeado la conducta de no mostrar un feminismo más combativo desde siempre. Pero es que  España, por fortuna, es un país en el que existe igualdad formal. No cabe una continua actitud beligerante y agresiva a lo FEMINAZI,  a menos que esa  presunción de igualdad, como creo que ocurre en este caso, se vea quebrada por una prueba en contra.

 Kate Millet (La Política Sexual)  dice que al patriarcado no se le relaciona con la violencia porque la forma en que inculca sus valores está tan asentada (y es tan perfecto) que nos tragamos sus valores con hondas. Si bien cuenta con el apoyo de la FUERZA y de la VIOLENCIA con consecuencias no solo físicas y de salud (como en aquellos casos de uso de la violencia sexual como estrategia) sino socioeconómicas (como creo que es el caso)  en las que las victimas se enfrentan a la marginación social, al aislamiento en el ámbito privado, a su no repercusión publica y una suerte de muerte civil,  lo que las obliga a aceptarlo en silencio. En definitiva: o pasáis por el aro o no os promocionareis ni en vuestra casa.

La palma, sin duda, se la lleva quien relaciona la calidad y profundidad de las historias negras escritas por aquellos  VARONES veteranos de conflictos sangrientos que vivían atormentados por sus experiencias. Yo, puedo explicar un buen puñado de experiencias duras, sorprendentes, peculiares,  pero ello no me convierte en una BUENA escritora.

 Este es otro error y además de bulto: la profundidad, el interés intelectual, el encanto literario,  no nace del dolor, ni del trauma, ni mucho menos de un pene.