H de Halcón de Helen Macdonald.

El año 2016 no ha sido un año especialmente brillante. De hecho, calificarlo así es ser muy generosa. A nivel de lecturas, series de televisión, películas y videojuegos no ha sido un año especialmente interesante: De videojuegos ando muy desconectada (y sin equipo adecuado,  y tampoco lo echo de menos). De lecturas ocurre lo mismo que ocurrió en 2015: : mucho ruido para pocas nueces,(y el mercado saturado de libros mediocres que supuestamente se venden como novela negra).

De todo lo que he leído en el 2016 ( que tampoco ha sido mucho)  no tengo ninguna duda en quedarme con “Muestra mi cabeza al pueblo”. Un libro estupendo que merece una entrada propia y tratarlo en profundiad.

De lecturas del año 2015 (que fueran una novedad editorial) me quedo con “H de Halcón” y con la nueva edición de “Mansura“. Ambos son libros magníficos que podría volver a leer sin ningún esfuerzo y manteniendo la sorpresa y satisfacción de la primera vez.

De H de Halcón hace tiempo que quiero escribir unas lineas: Es un libro que lo amas o te parece infumable. No tiene termino medio y por eso me gusta todavía más:  porqueé esconde una sensibilidad y una humanidad que no todo el mundo es capaz  encontrar. Algo así como un palacio interior al que no todo el mundo tiene acceso.

Para algunos se limita a ser un libro aburrido de pajarracos y cazar conejos: y no.  No es un libro de pajarracos, ni de cetrería aunque hable de ello.  Es un libro que explica la debilidad humana, la locura  en la que se navega cuando lo único que puede sentirse es dolor. Es un libro en el que en muuuuchas partes he llegado a sentirme identificada con la locura que explica la protagonista. Más que locura, desidia, anhedonia, ganas de que esconderse en un lugar oscuro para no salir.

Cuando Helen explica como remataba a un pobre conejo entre las garras de Mabel o como acabó con un pequeño conejo lleno de tumores está explicando el ser salvaje que el dolor había de hecho de ella.

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Lo bueno de H de Halcón es que consigue expresar sentimientos y definir estados de locura por los que se transita cuando se está inmersa en una época de dolor. Ayuda a empatizar con el sufrimiento propio, (que  siempre es más dificil que empatizar con el dolor del otro), a entenderse, a aprender a encontrar la paz…y la esperanda y  entenderlo como un proceso humano y por tanto, finito y con un fin y un remedio (o por lo menos como un estado temporal), y no únicamente como el perder las riendas de tu vida para siempre. Y aquí es realmente lo que lo hace que sea un libro interesante  y especial: no se limita a ser un libro de autoayuda.  El rito de iniciación a la felicidad, el transito de romper y superar el dolor,  lo hace  lo hace a través del mundo de la cetrería, de la caza con rapaces y de profundizar en la relación de Helen con Mabel. La historia de cetrería (a los que muchos les parece un peñazo) es el núcleo del asunto: Entrenar al azor, afeitarlo, es una metáfora de la lucha por domesticar nuestro propio dolor. Ahí  entra el paralelismo con la desperacion y hasta la brutalidad con la que T.H White intentaba domesticar a su azor, llamado Gos en su libro “The Goshawk“, cuando lo realmente deseaba era lucha contra si mismo, contra aquello que le quemaba y el impedía encontrar la paz: Cotejó a una enfermera hasta que la muchacha mostró interés y entonces desapareció. La historia de White, como la del duelo de Helen Macdonald, son mucho mas que la historia de dos azores y un rollo de cetrería (que es lo que algunos únicamente han llegado a ver). Es la historia de la lucha por recuperar  la esperanza,  que como dijo  Emily Dickinson es “esa cosa con plumas”, mientras se debaten en el miedo al dolor.

*Os recomiendo la lectura del reportaje de Jacinto Antón para El País  en el que reseña H de Halcón en la edición inglesa.

TUFO A ALCANFOR.

No puedo negar que me gusta polemizar. Para mi, la controversia, que no el conflicto, es como la luz a la polilla. Y en el mundo literario estoy encontrado una mina inagotable de material muy incendiario. A la polémica del manifiesto, le siguió la de la ausencia de mujeres en la convocatoria a los premios Hammet  y esta culminó con unas impecables palabras de la Sra. Rosa Ribas, que recibieron contestación muy chusca por parte del Sr. Julián Ibáñez. Lo que de verdad subyace en esta nueva discusión escapa a cualquier consideración literaria para abrazar de lleno la cuestión sobre la materia prima de la que se nutre el sentido común e incluso la humanidad y como no, del compañerismo. Alguno, visto lo visto, debería acceder urgentemente a la entrada de la RAE, dedicada a tal epígrafe.

Estamos a 22 de julio de 2016 y otra vez ese mismo olor a habitación cerrada, a pretender darle un toque fresco con bolitas de alcanfor, a una habitación cerrada durante siglos con una botella de Soberano sobre la mesilla auxiliar adornada con un tapete de encaje.

El colegueo, el sentir peligrar los dominios del lobo ha llevado al argumento zafio y la etiqueta (no la del protocolo, si no la de la teoría del etiquetamiento): Tú, eres un jarrón veneciano, tú, escribes cositas light que no pueden hacer sombra a mi hardboiled duro y profundo (en clara referencia a la dotación viril, por su puesto). Tú, me pones nena, cuando andas de femme fatale, pero no cuando te disfrazas de policía, o detective o ama de casa (sí, ocupación al que jamás he presentado suficiente resistencia, lo admito, por su dureza). Y entonces me acuerdo del porque George Sand, escribía como George Sand: Por el prejuicio. Todos juzgamos y todos prejuzgamos. Etiquetamos como locos porque el ser humano en su infinita capacidad necesita tenerlo todo perfectamente clasificado en los compartimientos del prejuicio.

La pena es que la tan admirada femme fatale, es una mujer sin valores que pretende humillar y seducir a los machotes con su sensualidad y sexualidad. La Femme fatale es el punto débil del hombre. Es decir, que el hombre pierde su posición dominante dejando espacio a la mujer gracias a su atractivo físico. Que la forma de abrirse paso entre la masculinidad fuera utilizando sus encantos físicos hace 50 años, tiene un pase y es hasta loable: La población femenina pedía a gritos tener mas peso en la sociedad y en aquella sociedad, sus encantos físicos eran las únicas armas de las que podían valerse.

 En la sociedad del 2016,  me sorprende que moleste que, aunque ese no sea exactamente el problema, la mujer que le hace sombra al varón intelectualmente (aquella que vía la novela enigma o policial o hardboiled, resulta salir airosa de la historia porque es inteligente, audaz y físicamente preparada) resulte una ama de casa sin ningún atractivo y prefieran el atractivo de la mujer que solo puede usar su cuerpo para prosperar. Pues eso: mucho tufo a alcanfor, donde debería oler a aire fresco.

 

P.D; A quien le interese profundizar en la figura de la Femme Fatale, hay un libro muy interesante titulado: Diablesas y Diosas: Ángeles del mal. Barcelona: Editorial  Lertes, 1990. (De Javier  Coma).

Un mar de lodo en Gijón.

 Si pretendes construir un oasis añadiendo agua al polvo del desierto  únicamente tendrás un inmenso mar de lodo.

Se veía venir que el desierto del famoso manifiesto contra la violencia de género (suscrito por el mundo noir), venía preñado de un lodazal en el que ahora le ha tocado chapotear alegremente a la Semana Negra de Gijón. Y digo alegremente porque  tras la  denuncia pública de la ausencia de mujeres  en las candidaturas, la organización ha mostrado la más absoluta indiferencia.

 Supongo que como dice el dicho les va bien que hablen mal,  pero que hablen.

 Algunas (y pocas) voces valientes han dado un golpe en la mesa para denunciar la situación tan injusta (Toni Hill, Nieves Abarca, Carlos Zanón, David Llorente, Berna González-Harbour…), otros simplemente se han mantenido en la ambigüedad del silencio  y otros, han remado a favor del suave ronroneo de sus bien alimentados paquetes gástricos. Por ejemplo, Dolores Redondo manifestaba públicamente que su obra (y entiendo que a ella, si es que tiene identidad propia más allá del producto comercial que le han creado) había contado con el apoyo de la organización y que era prueba bastante de la ausencia de machismo.

Que la S.N apoye a Dolores Redondo, pero ninguneé a otras muchas escritoras, hace que no solo presente sospechas de la existencia de machismo (que lo hay y en muchas partes), sino también de una endogamia y colegueo de pasillo que tumba.

 Dolores Redondo no solo escribe novelas mediocres, (hasta aquí nada nuevo porque  hay muchas obras malas  han sido premiadas o reconocidas de una u otra forma), es que la presunta novela negra que vende y que dice haber sido apoyada por S.N es la antítesis del noir: Historias dulcificadas hasta el coma hiperglucemico y que perpetúan los estereotipos sexistas. Algo así como una novela negra para mujeres. El concepto resulta tan turbador como cuando Conrad Son empezó a producir porno para mujeres.

Y en fin, lo que ha ocurrido con esta Semana Negra de Gijón  desde Rousseau nos viene martilleando la cabeza. A saber: Que  la sociedad debe estar dividida en dos espacios  de la misma manera que  la humanidad lo está en dos sexos: El espacio publico para los hombres, el domestico para las mujeres. Que no exista ni una sola escritora en la lista de premiables demuestra la defenestración y destierro  de la escritora al ámbito privado y su no visibilidad en lo público (e intelectual) además de su no colegueo.

Ante la polémica, varias posiciones que tampoco comparto. No creo que sirvan las formulas de cuotas, ni crear categorías específicas para literatura-de-mujeres porque únicamente se amplía  la distancia que existe  entre los labios de la herida. Las categorías existen para que el combate tenga lugar en  igualdad de armas, entre iguales, luego… ¿que mensaje transmitimos al convocar un premio en el que únicamente compiten las obras creadas  por mujeres?.

Tampoco puedo compartir algunas voces que han tachado la indignación del asunto en pataleta de autoras desairadas  por no  ser premiadas   y hasta  les han afeado la conducta de no mostrar un feminismo más combativo desde siempre. Pero es que  España, por fortuna, es un país en el que existe igualdad formal. No cabe una continua actitud beligerante y agresiva a lo FEMINAZI,  a menos que esa  presunción de igualdad, como creo que ocurre en este caso, se vea quebrada por una prueba en contra.

 Kate Millet (La Política Sexual)  dice que al patriarcado no se le relaciona con la violencia porque la forma en que inculca sus valores está tan asentada (y es tan perfecto) que nos tragamos sus valores con hondas. Si bien cuenta con el apoyo de la FUERZA y de la VIOLENCIA con consecuencias no solo físicas y de salud (como en aquellos casos de uso de la violencia sexual como estrategia) sino socioeconómicas (como creo que es el caso)  en las que las victimas se enfrentan a la marginación social, al aislamiento en el ámbito privado, a su no repercusión publica y una suerte de muerte civil,  lo que las obliga a aceptarlo en silencio. En definitiva: o pasáis por el aro o no os promocionareis ni en vuestra casa.

La palma, sin duda, se la lleva quien relaciona la calidad y profundidad de las historias negras escritas por aquellos  VARONES veteranos de conflictos sangrientos que vivían atormentados por sus experiencias. Yo, puedo explicar un buen puñado de experiencias duras, sorprendentes, peculiares,  pero ello no me convierte en una BUENA escritora.

 Este es otro error y además de bulto: la profundidad, el interés intelectual, el encanto literario,  no nace del dolor, ni del trauma, ni mucho menos de un pene.

 

 

Sobre el manifiesto de los festivales de novela negra contra la violencia de genero.

 

He tenido noticia que recientemente, el grueso de festivales de novela negra han  hecho público un manifiesto en contra de la Violencia de Genero. Me quedo sorprendida por el  tono  degradante y paternalista del documento.

Soy una mujer,(oh, sorpresa) aunque a veces me siento un poco hombre si tengo que compararme con el “cliché”, (como gusta decir a una buena amiga) de lo que se espera que deba ser una.

 Crecí feliz fantaseando con rifles y revólveres, con aviones y halcones, porque tuve la enorme fortuna que mis padres me educasen como ser humano (más que como niña). Precisamente a mi padre (hombre tradicionalmente severo pero sorprendentemente evolucionado para estos menesteres de la igualdad), le debo el haber crecido convencida que el hecho de no tener pene no me hacia peor, ni mejor. De él aprendí que lo único que debía reprocharme, era el no esforzarme lo suficiente para conseguir mis metas. Mi madre, por el contrario, vivió mi crianza con algo más de zozobra, precisamente porque muchas veces el enemigo está entre nosotras: era yo algo tomboy, y andaba como digo, con la cabeza perdida entre uniformes desde que alcanzo a recordar.

Vivo en un mundo de hombres, si. Hasta aquí ninguna novedad porque la estructura del patriarcado nos envuelve y nos rodea y lo impregna todo en todas partes con sus babas. Y se vive apaciblemente hasta que, se decide transgredir sus leyes y romper la burbuja para salir del huevo.

En algunas ocasiones he sido  menospreciada por ser mujer, no voy a negarlo,  otras  ( son mayoría, estoy convencida y quiero así pensarlo)  lo he sido por el resto de mis características personales:  las miradas de desconfianza las quiero asociar a eso,  a que no gustaba mi estilo, a mi juventud,  más que a la desconfianza por ser mujer, pero visto lo visto, me tiemblan las rodillas por lo interiorizado que parte de la intelectualidad tiene  las características que en su día se inventaron para cada rol.  Ante un hombre, sin embargo,  y por muy patán que sea, lo primero que hacemos es atribuirle cualidades intelectuales que nos hurtan a nosotras sin presunción de inteligencia. Y es que a nosotras, en definitiva y visto el documento de marras,  nos valoran por lo buenas que estamos y lo vulnerables que somos: si tenemos caderas generosas para parir buenos hijos, y pechos turgentes y firmes para alimentar a nuestras crías. Cualquier día, la dentadura sana y en buen estado, sumará puntos para encontrar marido.

Pues bien, este manifiesto, no es más que una nueva muestra de esa misma actitud que lo empapa todo y no veo nada positivo en ello (más bien todo lo  contrario): Ellos, los escritores y promotores de novela negra, que además se  sienten orgullosos de ser solo varones y así lo plasman, ponen por escrito que nosotras, debemos ser objeto de SU protección (¿de la de los hombres? Lo que parece que ignoran es que,  mientras sigan creyendo que las mujeres tenemos que ser protegidas, mientras el mayor insulto a un niño (y a un hombre) sea el llamarlo niña, y mientras las mujeres no se adhieran a manifiestos, ni acudan a tropel y con normalidad a semanas negras,  estaremos reproduciendo y perpetuando esa estructura de forma invisible y también imparable. Déjense de manifiestos y actúen de verdad. El movimiento se demuestra andando.

Resulta decepcionante que vuelva el cuento que los caballeros son aventureros, intelectuales, científicos y escritores, mientras nosotras aspiramos a sus cuidados y atenciones mientras somos criadoras de la prole y cuidadoras del hogar, seres a sus ojos vulnerables y tributarias de su ayuda.  Ellos, que bienintencionados quieren posicionarse ante la desigualdad, solo hacen que acrecentarla con acciones y manifestaciones de este tipo. ¿Se han planteado que la mejor forma de fomentar la igualdad es normalizando la presencia de mujeres en sus actos y dejarse tanta palabrería?

Hasta donde he alcanzando a aprender (disculpas por si mi limitación intelectual asociada a mi sexo me impide profundizar en el asunto), la diferencia biológica entre hombres y mujeres únicamente es relevante y existe durante la gestación, parto y lactancia de una cría humana.  A excepción de esas etapas, toda diferenciación es  creación social, estructura patriarcal o como quiera llamarse.  Por eso me hace mucha gracia que existan conceptos como el de “liderazgo o mando femenino” de la misma manera que se etiqueta “la literatura o el cine para mujeres”. No los entiendo, ni mucho menos los comparto: la diferencia no está en el sexo, está en la personalidad de cada líder y de cada mando, de cada escritor y cada director. Y como eso, hágase extensible  a todo lo demás.

Me alegra ver que existe sensibilización de un problema grave como es el de la violencia de genero, pero… ¿acaso puede sospecharse que alguien está a favor de una anormalidad  como es el de considerar bestezuelas inferiores a la mitad de la población, hasta el punto de tener que hacer un manifiesto al respecto?.

 Personalmente los veo preocupantemente perdidos y a la deriva: En un fragmento del texto manifiestan que todo es culpa de  “la desidia de quienes deberían protegerlas”.  ¿Es posible redactar una frase más desafortunada y humillante?. Exuda patriarcado rancio y casposo, pero seguramente (o eso quiero pensar) bien intencionado (no olviden que el infierno está lleno de buenas intenciones). Que me/nos vean como  cachorrillos merecedores de los más tiernos cuidados y la más elevada protección me da escalofríos. ¿Esa no es precisamente  una mirada llena de desigualdad y discriminación? Disculpen, pero las mujeres no necesitamos que nos protejan, lo que necesitamos es que nos respeten y nos vean como iguales, con nuestras características y rasgos individualizantes, que nos vean como compañeras y amigas con las que tomar una cerveza y hablar de fútbol o cocina, o lo que quiera que sea que se hable entre amigos y colegas,  y también y sobre todo, que con nosotras se cuente para hablar de NOVELA NEGRA.  

Mansura (De Félix de Azúa y prólogo de Jacinto Antón).

 

 

Siempre he dicho que me casaría con Javier Marías y que  tendría de amante a Jacinto Antón. Un señor que se disfraza de oficial de la Wehrmacht para Carnaval y acude a las firmas de sus libros con una pequeña serpiente en un miniterrario  merece, sin duda, todo mi ánimo lubrico.

Por eso mismo, cuando vi que la editorial Reino de Redonda había (re) editado Mansura de Félix de Azúa,(la primera edición es de 1984) prologado por el segundo (Jacinto), no pude resistirme a la tentación de llevarme a casa el bonito ejemplar de tapas flechadas (imitando el diseño original de “The evil than men do” de M.P Shiel) y papel  caro, de ese que llaman couché y que  en este caso si está cerca del corazón.

Marías dice que su editorial no tiene ganancias (y me lo creo) pero que mientras no se aburra, seguirá editando con calidad: por dentro y por fuera. Y en pleno revuelo por las cotizaciones y las prestaciones por jubilación, resulta un alivio que no todo sea preocupación por el peculio y las moneditas por los hombres de letras.

Mansura es un librito breve pero no escaso. Y es, también, una gamberrada gozosa, en la que, como advierte Jacinto (Antón), los desiertos del África, se te meten en el alma.

  Mansura es adictivo y un juego de manos (pero sin trampa). Borges (me voy a poner estupenda) jugó  a inventarse a un Pierre Menard que se inventaba EL Quijote ( por cierto, ineludible y necesaria lectura es “Una vida de Pierre Menard” de  Michel Lafon, en edición numerada de la Editorial Días Contados): Si Pierre Menard buscaba reproducir palabra por palabra El Quijote (ojo! crearlo palabra por palabra pero no copiarlo mecánicamente,) Félix de Azúa lo que busca es (re) crear, La Vida de San Luis (1309), (Livre des Saintes Paroles et des Bons Faits de Notre Saint Roi Louis,) escrita por Jean de Joinville, ambientada durante la Séptima Cruzada y el Rey Luis IX.

En el caso de Mansura hay evidentes deslealtades y bufas a la obra de Joinville (cambiar a los personajes franceses por catalanes, o que el autor de esa crónica, a diferencia original francés, no tenga nombre) y en el que por la extensión desborda el concepto de  intertextualidad. ¿Puede definirse como un palimpsesto? ¿Qué diablos es Mansura?

  Muchas interpretaciones tiene la novelita: Puede atacarse su lectura desde la perspectiva contemporánea, ignorando el original medieval, o bien puede atacarse manteniendo la referencia de Joinville. En todo caso, sea cual sea la modalidad de lectura elegida,  Mansura rezuma ironía y un  mucho de mala leche que se nota, pero cuyas claves  no son del todo evidentes para descifrarla: hay en ella un algo de retranca gallega aunque todo se haya catalanizado. ¿Es una crítica? 

 Con sus anacronismos y deslealtades (al texto original y a la época), en pleno S.XX Azúa consigue transmitir el espíritu caballeresco medieval (que hermosa descripción la del caballo con cuello de serpiente para referirse a la jirafa). 

 Resulta aquí aplicable lo que dice Borges sobre Menard:  “Para Menard ser en el siglo XX un novelista del siglo XVII constituía una disminución. Le parecía mejor seguir siendo Pierre Menard y llegar al Quijote a través de sus experiencias” y Azúa llega a ser Joinville en pleno 1984.

Dolores Redondo y la Sociedad Swedenborgiana: Ofrenda a la tormenta.

He vuelto a hacerlo. Al final voy a empezar a sospechar que sufro de alguna afectación psiquiátrica.

La ultima entrega de  la Trilogía de Baztán, viene más cargada que nunca de bebes, estereotipos, mezclas de ideas encontradas aquí y allá y una tupida capa de lanugo de recién nacido y toneladas de calostro. Me parecía imposible superar las dos entregas anteriores, pero si algo puede (y así se debe reconocer  a la autora), es su capacidad para superarse a si misma. Y es que, los altos niveles de glucosa que impregnan las paginas de Ofrenda a la Tormenta, actúan como un viejo veneno emponzoñando cualquier oasis que el lector alcance a vislumbrar en la desesperación de calmar su sed de literatura. En fin, que  la cosa solo mejora (sin perder la constante de la mediocridad en la que se ha empeñando en chapotear la Trilogía) cuando el portentoso marido y el angelical recién nacido, abandonan el panorama. Es en ese nuevo escenario y con el golpe emocional que sufre la Inspectora con la perdida de un personaje,  cuando algo de la artificiosa placidez que nos es impuesta  en la historia  desparece y no le queda más remedio que centrar sus esfuerzos  en la trama criminal. Trama que,  por cierto, continua resultando inocentemente pueril y sin esa chispa de maldad perturbadora con la que podría haber aderezado ese misticismo fantasioso ancestral del que tanto presume. Habría bastado con que ojeara, por poner un par de ejemplos,  algunos  anecdóticos episodios de la biografía de William Blake  y  su capacidad para la imaginación  (entendida como  equiparable al inconsciente colectivo de Jung),  o de la de  Emmanuel Swedenborg, ingeniero de minas que hablaba con espíritus y hasta tomó un café con Cristo.

Con todo, sorprende el cambio de paso una vez el marido-artista se esfuma.  Como en una especie de trastorno ciclotímico (que en un libro escrito a dos manos no tiene mucho sentido),  aparecen de pronto, esas notas de oscuridad que son tan de agradecer y hasta muestra una voluntad inaudita  de disfrazar la historia de credibilidad (como,   aunque erróneamente, cita la Prueba  de Walker). Pero la historia sigue sin sostenerse. Y no solo por no usar las técnicas de investigación adecuadas,(recordemos que es una novela, no el manual del buen policía), sino porque en todas las paginas, y como ocurría en las otras ocasiones,   quien lee no consigue desprenderse de la sensación que los crímenes son solo una excusa, un parche para tratar la intimidad de sus personajes y hablar de mitos y leyendas.

Pero no nos confundamos: en ese camino más intimista, y si se quiere psicológico, tampoco resulta agradable y mucho menos una lectura sofisticada.  Dolores Redondo, pese a acumular un numero notable de portadas en la prensa,  se acerca cada vez más,   con una decisión y contundencia indiscutible, a la opereta y la caricatura de si misma.

Paddy Leigh Fermor.

Descubrir a Paddy Leigh Fermor,  es siempre un regalo. Desde hace un buen puñado de años, me he considerado incondicional admiradora de este caballero (fallecido en 2011 a la edad de 96 años). En su mochila, no solo el merito de haber podido contar en primera personas sus aventuras en la IIWW (la supervivencia es ya de por si un premio), es que ademas participó en operaciones que cuesta no poner en tela de juicio y que han sido adaptadas al cine y sobre la que se han escrito libros: sin ir más lejos, secuestro en Creta junto a su colega y amigo W. Stanley Moss. Juntos,  y con el resto de su pintoresco equipo, consiguieron secuestrar al mismisimo General Kreipe y pasar por un buen puñado de controles en el coche del general y disfrazados de soldados alemanes. Para quienes quieran adentrarse en el fascinante relato del rapto, nada mejor que hacerlo con el muy recomendable “Mal encuentro a la luz de la una” escrito por (y a partir de sus diarios) por Stanley Moss. Luego, si os quedáis con ganas de más siempre podeis alquilar “Emboscada nocturna” (1957) y donde, para disgusto del propio Paddy, su papel es interpretado por Dirk Bogarde.

Pero para vivir aventuras no es condición indispensable hacerlo con un fusil en la mano:  y es que Leigh Fermor es uno de las grandes escritores de viajes (junto a Chatwin y Jan Morris: si Chatwin tuvo una vida un tanto…turbulenta y la vida de Leigh Fermor parece sacada de una novela…para novela (por tierna, azarosa y toda una lección de vida) la de Jan Morris. Jan Morris da para escribir, no solo un post, da para unas cuantas novelas. Aquí solo voy a señalar (más allá de por el puro componente morboso) que Jane, actualmente una abuelita de pelo blanco pero en algún momento de su vida: fue un Oficial de los Delhi Spearmen,  cubrió la noticia de la llegada a la cima del Everest… y estaba casado con la misma mujer con la que una vida después siguió casada y con la que ha tenido hijos y un nutrido numero de nietos, todos biológicos). Pero en fin, para muestra de como hacer de lo cotidiano una aventura (o del viajar, que tampoco es tan cotidiano) están esas imprescindibles novelas (cuya tercera y ultima parte ha sido elaborada y editada post mortem) y que cierra la trilogía: “El último tramo”. Lecturas imprescindibles junto a “El tiempo de los regalos” y ” Entre los bosques y el agua” que RBA editó en un solo volumen. En fin, no se puede decir mas de esas novelas, que Como las aventuras (salvo las que explicaba Bill y Paddy) no pueden explicarse. Hay que vivirlas.

 

La Bcnegra 14

No puede negarse que la semana de la Novela Negra de Barcelona (BCNegra) se ha convertido en todo un hito cultural. Un acontecimiento al  que  siempre resulta agradable acudir para  codearse con amantes del genero (he llegado a flirtear y todo), disfrutar de las charlas que se organizan y  (como no) poder disfrutar de la  criminalidad de una forma un poco más amable de lo que resulta en la realidad (no seré yo quien cuestione su  deliciosa estética en la ficción y  su potencial como espectáculo aunque me parezca escalofriante hacer de la realidad un show).

El pasado martes (4 de febrero  en el contexto de la Bcnegra) en la charla convocada para debatir sobre el  futuro  del genero fueron  invitados: Dolores Redondo, Carlos Zanon y Teresa Solana.

  Con la lección aprendida en la mesa redonda del día anterior sobre psicopatía (con una cola de vértigo y el aforo de 400 personas superado,  con lo que mucha gente terminó  quedándose con la miel en los labios) dirigí mis pasos con una antelación que me parecía más que suficiente para asegurarme un asiento. No hizo falta tanta antelación porque no había nadie esperando, así que hice tiempo fumando (algo cada vez más sombrío a ojos de una sociedad cada vez más edulcorada y que me pareció oportuno para ambientar el contexto en que me encontraba) mientras paseaba por las callejuelas húmedas y oscuras (tan propias de esa  Barcelona de Andréu Martín,  tan  de putas y chulos, de descuideros  y carteristas  que daba (y da) cobijo a aquella delincuencia adicta hasta perder los dientes (y la vida) y otra fauna del navajazo.

Al fin llegó la hora. Aquellos personajes desfilaron de uno en uno para hablar de las criaturas que habían parido y del futuro que les esperaba como seres autónomos desprendidos del seno materno o paterno (según el caso, como los caballitos de mar). Entre ellas, como ya he dicho,  Dolores Redondo. Me resultó sorprendente verla tan tensa, poco espontánea y aprovechando las bromas que lanzaban sus compinches para suministrarse algo del calor del publico que allí estábamos. Tuve una sensación verdaderamente alucinada  y extraña porque, a diferencia del resto de conferenciantes,  Dolores Redondo habló con un discurso más que atildado engominado y de forma muy comedida  (y no por falta de intentos por parte de una de las moderadoras de tirarle de la lengua)  sobre su apasionamiento por el FBI y de la ausencia de punibilidad (en España y según ella) de la inducción al delito. Me habría gustado preguntar en el propio calor de batalla, agazapada entre las sombras fruto de la  iluminación de LaCapella (y que resultaba muy adecuada para la negrura  que allí nos convocaba).  Supongo que fue por  falta de tiempo  que lamentablemente  la jornada se cerró con un aplauso y todos volvimos a nuestras casas o donde  fuera que debiéramos volver.

Por cierto, enorme el placer de disfrutar de la jornada sobre la II WW con Ben Pastor y eso que mi gran amor platonico (Jacinto Anton) no asistió a la cita pese a estar en el programa. Mal Jacinto por darme plantón.

El caso es que  yo no dejaba de darle vueltas a mi inquietud. Estaba verdaderamente interesada en conocer  la motivación que lleva a un autor  que ambienta su novela en una desconocida región de la bella geografía Navarra y en la que su protagonista es un miembro de una policía autonómica,  a tener tantas referencias y admiración por un cuerpo policial tan manido como el FBI en cuanto a “perfilacion” criminal (y no el SAC del Cuerpo Nacional de Policía, o la SACD de la Unidad Técnica de Policía de Judicial de la Guardia Civil). También me interesaba  la respuesta a esa afirmación, para mi  gratuita, sobre que la inducción al delito no se castiga. Que pasaba entonces con la Autoría Mediatay otras formas de participación? Ay!, como me habría gustado tener un intercambio de impresiones (que siempre resulta edificante y a las que algunos escritores están más que dispuestos) porque como enunció Locard ( permitiéndome un guiño a la ciencia policial y reduciendo el principio al máximo) todo contacto deja un rastro.  

 

Dolores Redondo (como Carlos Zanon,)  es Licenciada en Derecho, así que  ¿por que no ponerse un poco técnica con la materia si escribe novela negra!?.  Con cierto desasosiego por la inquietud que me creaban esas dudas y ante la imposibilidad de fomentar aquel debate en la propia escena del crimen decidí acudir a la red de vagabundos con la que todo Sherlock cuenta: Twitter. La localicé. Le pregunté. Y Dolores Redondo me bloqueó (sin  ofrecerme el derecho a la presunción de inocencia por aquel allanamiento tuitero). En fin, es la condena del detective. Siempre hay crímenes irresolubles y por eso yo sigo aquí: preguntándome mientras fumo por las callejuelas de los bajos fondos de  la ciudad más canalla: Por que, Dolores Redondo?

5 minutos para hablar de libros.

Cada vez encuentro menos tiempo para tener mi propio tiempo. Con el verano acabado y bien entrado el otoño (aunque con temperaturas más cercanas a la primavera que al invierno) espero poner un poco de orden en mi vida privada ( 3 fallecimientos en 2 meses, tres ingresos hospitalarios (no míos, ojala fuera yo la ingresada…se sufre menos), el piso patas arriba (por fin, después de muchos meses tengo la obra acabada y hasta mesillas de noche). En lo laboral no me quejo (bueno, solo un poco): trabajo hasta las cejas, a veces tensiones mal llevadas pero que le vamos a hacer, no seria capaz de hacer, ni de ser tan feliz, haciendo otra cosa. Y ojo! Entiendase bien: tan feliz como se pueda ser trabajando, que si me tocase el Euromillon buscaría la felicidad en la vida contemplativa.

La cuestión es que voy sacando tiempo de aquí y allá para darme a la lectura y descubrir restaurantes nuevos, ambas acciones realizadas con golosa glotonería. Y he dado con algunos libros que me han dibujado una sonrisa pese a sus argumentos terribles por hacerme disfrutar (y gozar) de entre sus paginas. Soy una mujer de gustos sencillos.

Muy recomendable una vieja novela (1938) de Heimito von Doderer: Un asesinato que todos cometemos”. La venden como novela policial/negra pero no hay que dejarse engañar. Es cierto que hay un crimen y que el protagonista (Conrad Castiletz) pone todo su empeñó en descubrir al autor pero no es mas (ni hace falta) que una novela de esas psicológicas de  como evoluciona el personaje: un nacimiento a la verdadera vida pero al revés (no digo más para no hacer spoilers).

Y siguiendo con los libros, también finiquité “Martyrium” que me pareció un ejercicio estupendo de novela policial(todavía aullo de placer con esos pequeños detalles como “Canter” o el interrogatorio (cuando lo leáis, os daréis cuenta) y continuación de Crímenes exquisitos. Y esto me lleva a tener que decir un par de cosas sobre otra novela que pretende ir de criminal: “El guardián invisible”. Había tanta insistencia mediática en Dolores Redondo que llena de expectativas me hice con una copia de su obra. El mundo criminal, mujeres policial, pistolas, lineas de investigación y bosque. Todo parecía bucólicamente perfecto. Me llevé un chasco. De los gordos: No me aportó absolutamente nada, me pareció horriblemente escrito y el argumento soso y con diálogos increíbles (en el peor sentido) que no enganchan, la protagonista me pareció un pavo embuchado de clichés, el final previsible… y después de darle vueltas ( no soy muy lista pero tengo memoria) descubrí que era lo que me resultaba tan familiar en “El guardian invisible”…y es que hay una escena que está fusilada de otra novela de PD James: Muerte en la clínica privada. Os dejo las capturas para que comparéis. A parte de eso, otras muchas mas que no he tenido capacidad de localizar, y discursos que parecían de la wikipedia y no encajaban en un dialogo real.

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Pero soy un poco masoca, así que…me he estado informando un poco por la red y ya está a punto de salir a la venta la segunda parte de “El guardián invisible”, llamada “El legado de los huesos”. Leí el argumento y se me vino el mundo abajo. (Que si, que no debo juzgar antes de leerlo) pero eso de que la trama empiece justo con la celebración de un juicio, precisamente  igual que  Martyrium (del gran Vicente Garrido ). Definitivamente más vale tener un buen publicista que talento!

Y entonces jugué a Alan Wake

Si tiene una ventaja el descubrir “las cosas” por azar es que te ahorras el tener expectativas y tener que convivir con las consecuencias del hype. Nos encandilan con publicidad, anuncios, teasers y en definitiva nos cuentan una y otra vez la historia de Pedro y el lobo y nosotros siempre caemos. Esperamos que ese lanzamiento sea la panacea. Y claro, cuando por fin llega a nuestras manos y lo probamos nunca cumple nuestras expectativas. El ser humano es el paladín de la insatisfacción y parece que todavía no lo sabemos. El caso es que todo este discurso del hype y las expectativas viene porque  precisamente las mejores experiencias las he tenido con aquellas cosas que ni me había planteado y luego, pufff, por arte de magia se cuelan en mi vida y me pintan una sonrisa.  En concreto con los videojuegos cada vez estoy teniendo sorpresa más y más agradables. Ya comenté como se inició mi historia de amor con uno de los mejores videojuegos de todos los tiempos (Mass Effect) y como ahora continúa esa misma sensación de placer que solo se obtiene de las cosas que no planificas con Alan Wake. Aunque aquí he de decir que siendo del todo sincera, precisamente Alan Wake sí que me creo unas expectativas…y muy grandes. En 2003 salió Max Payne 2 (un juegazo con una historia de vértigo sobre un policía politoxicómano de Nuevo York que clama venganza) de la compañía Remedy. Como también he dicho en otro post (y a cualquiera que haya pasado 15 minutos conmigo) Max Payne es, para mí, uno de los grandes. Así que cuando termine MP2, me paso lo que me pasa siempre: quiero más y lo quiero ya. Lo que yo quería era, en realidad, un Max Payne 3: saber si Mona Sax estaba muerta, que era del pobre Max, que sería de su vida… Parecerá mentira pero después de pasar unas horas tan intensas con esos personajillos se termina teniendo ganas de saber cómo continúan sus historias, si alguna vez serán felices, si podrán descansar su espíritu… Yo quería conocer todas esas cosas del Detective Payne, pero su desarrolladora no estaba por la historia de continuar con la misma franquicia. Querían un cambio de aires. Se centraron en un nuevo título “Alan Wake” y la tercera entrega de Max Payne se quedaba olvidada en un cajón. Como Alan era el nuevo Max centre todas mis ilusiones de gamer en él. Las imágenes que se iban filtrando eran… impresionantes, y la historia tampoco pintaba mal. Solo quedaba entonces esperar a que por fin estuviera terminado y pudiera jugar con él. No sería un Max Payne pero aquello no era una mala alternativa.

El tiempo pasó, el juego se terminó y Remedy hizo una jaimitada. Solo iba a salir Alan Wake en   exclusiva para XBOX 360.  Soy muy viciosa, pero aquello no justificada la compra de otra consola. Ya era la orgullosa propietaria de una PS3, además del PC, así que con tristeza dije adiós a Alan.

Me consta que fue un gran juego pero me olvidé de él. De hecho yo soy una viciosilla de las ediciones coleccionista y la de Alan Wake fue muy buena. Pero no podía ser, y yo tenía muchos otros juegos a los que dedicar mi tiempo.

Dos años después y cuando Microsoft estimó conveniente que la exclusividad del juego le había hecho vender las suficientes videoconsolas decidieron que podía salir para PC. Y yo lo compre sin tampoco demasiada emoción: había terminado Mass Effect 3, tenia 200 horas en el Skyrim (recordad que los Elder´s Scroll nunca se terminan) me hice con una copia digital de Steam. No esperaba gran cosa o por lo menos no esperaba nada en concreto, solo la calidad mínima a la que me tenía acostumbrada Remedy). Después de 22 horas estoy a punto de terminarlo y debo decir que, aun y ser un juego “duro” y no de aquellos que te lo pasas con la gorra, lo he disfrutado mucho, mucho. Se me cae la baba. Nuevamente cuanto menos esperaba de un juego más satisfacción me ha dado.

La historia es un 10: enorme, sublime y retorcida. Yo disfruto anticipándome a las historias, intentando predecir que harán unos u otros, que giros tendrá la trama…en este caso me tiene contra las cuerdas y a duras penas tengo neuronas suficientes para seguir la historia como para adelantarme o hacer apuestas. Propia de Stephen King.

La jugabilidad es lo que me ha parecido más flojo del juego:  tiene los controles…”raros”, “torpes” y supongo que será un intento de meternos más en el personaje como hicieron con Dead Space. Vamos, que un escritor neoyorkino no tenga la agilidad de un marine superdotado, nuestra principal herramienta de lucha será la luz, iremos siempre cortos de munición y pilas…y en algunas ocasiones la respuesta no será ir en plan Rambo aniquilando a todos los poseídos sino el salir corriendo al punto de luz más seguro. En algunos momentos las “misiones” se hacen repetitivas y poco aburridas (realmente es siempre lo mismo: ir por un bosque a oscuras matando infectados). Las misiones que se hacen con compañeros son muy agradables y ayudan a que no se haga tan “pesado”.

A parte de eso no hay mucho más que reprochable. Es un gran juego, que produce mucha inquietud y cuando es de noche jamás tiene sensación de seguridad, siempre con el “ay” en el cuerpo por si aparece algún enemigo. La música acompaña perfectamente a la aventura y también te lleva a un “desagradable” estado de tensión.

Los guiños de la emisora de la radio, programas de tv y carteles son fantásticos. El amigo de Alan, Barry, es también de premio.

Otro día, cuando haya terminado la historia, posteare sobre mi interpretación del final que por lo que he ojeado es bastante abierta y susceptible de muchas interpretaciones.  De momento, aquí mi adelanto de la exclusiva, entiendo que Alan es un personaje de Tom Zane, el escritor. Por eso Alan se encuentra hojas del manuscrito que relatan los próximos acontecimientos y se cumplen: Tomas creo a Alan para salvarse de la oscuridad( o que salvara a los demás) y como gracias al poder del pueblo (o del lago) los que los artistas crean se hace realidad… Otra opción es que Alan sea real, Tom Zane supiera de su existencia y escribiera sobre el haciéndole llegar al pueblo para salvarlo… o una tercera opción: ya al principio del juego el narrador dice claramente que  el miedo no responde a una lógica…un posible aviso a navegantes para que simplemente nos dejemos llevar por la historia sin querer razonarlo todo. En todo caso, y porque soy así, me quedo con que Alana no existe, es creado por Tomas. El juego empieza con Alan en el ferri hacia el pueblo, pero no antes.  Antes NO EXISTE. Todos los Flashbacks de la vida pasada en Nueva York tienen lugar en el propio pueblo, pero no antes..

 

Seguiremos informando. Y mantened cargadas  las pilas de vuestras linternas.